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La pobreza no se vence en solitario: el desafío de transformar el poder y la desigualdad.

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Por Pablo Ferreiras Pérez | Vértice crítico.

Pablo Ferreiras Pérez.
Pablo Ferreiras Pérez.

De la pobreza que abate a una gran mayoría salimos única y exclusivamente de forma colectiva, no mediante "chepazos", porque "me tocó la lotería", porque "me firmaron al muchacho" o porque "ganó mi partido".

Ustedes conocen la historia, pues casi siempre en nuestras familias tenemos ejemplos de quienes "casi se hicieron ricos".

El problema no es la falta de estímulo personal. Esas recetas han hecho muy ricos a los escritores de la autoestima, del "¡esfuérzate, que tú puedes!".

También se benefician algunos negociantes del estrés y de la desprotección social; por cierto, individuos de muy limitada cultura que memorizan muy bien el libreto para venderse como "coach".

El problema es de política y de poder. No son los sueños, los anhelos ni las aspiraciones. Esas fortalezas nos las alimentan desde la cuna. Por más que aspiramos y suspiramos, cada mañana hay que salir a buscar el pan de cada día. Lo cierto es que hay que salir a "jocear" o a "camellar" (como dicen los paisas en Colombia).

Notamos que siempre estamos en el mismo nivel de preocupación y ansiedad; que, por más arriesgados y esforzados que seamos, como quiera llegan los recibos y las llamadas que nos avisan que hay que pagar hasta el derecho de darle un beso a nuestros hijos.

¿Y si no es para nuestra familia que trabajamos? Parecería que se trabaja para el banco, la telefónica, la EDE de la región en la que vivimos, para el pago del motoconcho o del taxi y, aun así, todavía no hemos ido a la farmacia. ¡Ah, caray! Falta la compra de la comida, ya sea de la semana, la quincena o el mes. Sea cual fuere la duración, lo cierto es que aún no la hemos hecho.

La dificultad radica en pertenecer al 80 % de los que reciben menos de treinta mil pesos al mes (si tu salario fuera ese, recibirías menos de todos modos).

¿Te fijas en que no he hablado de la hipoteca, del colegio o del curso de idiomas de alguno de tus hijos? Ni siquiera hago referencia a la visita al salón, a la que la pareja tiene derecho para lucir bien ante uno y ante los demás.

Esa es la vida cotidiana. La cruda realidad que no superaremos mientras las políticas económicas y fiscales estén diseñadas para el beneficio exclusivo de una minoría privilegiada de la población.

No importa cuántos libros de "Hágase rico de la noche a la mañana" podamos comprar, fotocopiar o guardar. El tema está en las políticas de Estado que comienzan desde la boleta electoral y en el partido que apoyamos. El problema es que nuestro partido, como siempre, tiene la solución a los problemas sociales y económicos. Pero cuando mi presidente ya es presidente, resulta que olvida las soluciones ofrecidas y decide que hay que seguir como lo hicieron sus antecesores: llamando al sacrificio de todos por igual.

Por igual debes entender: el 1 % con ingresos superiores a los del 50 % de la población, mientras el 99 % restante tiene que matarse unos contra otros para ver quién se lleva la mayor tajada.

Esa distribución asimétrica está reglamentada e impuesta mediante leyes, decretos y reglamentos. Para cambiarla, para lograr una mayor simetría, necesitamos modificar esas leyes, suprimir esos decretos y eliminar esos reglamentos. Necesitamos que se legisle en la dirección de superar la desigualdad.

La inmensa brecha social se profundiza con las decisiones que toman nuestros congresistas. Es inteligente y pacífico lograr representaciones políticas que tengan compromisos ineludibles con los intereses de las mayorías.

¡Así de simple!

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