Por Redacción internacional VC

Teherán y Tel Aviv, 1 de marzo. – La República Islámica de Irán despertó este domingo sumida en el luto y la cólera tras el anuncio de la muerte de su Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, fallecido en ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel. Decenas de miles de personas se congregaron en las principales ciudades del país, mientras el poder político prometía una represalia “con toda la fuerza y determinación”, en un contexto de escalada militar que ya ha dejado centenares de víctimas en ambos bandos.

En Teherán, la plaza Enghelab se convirtió en el epicentro de las manifestaciones. Multitudes ondearon banderas nacionales y retratos del clérigo, denunciando lo que califican de “agresión extranjera”. En Qom, ciudad santa del chiismo, fieles se reunieron en el santuario de Fátima Masumeh para exigir una respuesta contundente. En Mashhad, una bandera negra fue izada sobre la cúpula del santuario del Imán Reza, símbolo de duelo en la tradición religiosa iraní.
La televisión estatal confirmó el fallecimiento en la madrugada del domingo, tras bombardeos lanzados el sábado. Según autoridades iraníes, los ataques dejaron más de 200 muertos y 700 heridos en territorio nacional, incluidos altos mandos militares y responsables del aparato de seguridad. Entre las víctimas, 148 personas (en su mayoría estudiantes), murieron en el bombardeo de una escuela en la ciudad sureña de Minab.
Mientras la población manifiesta su indignación, las instituciones intentan proyectar continuidad. Mohammad Mokhbar, asesor del difunto líder, anunció que una dirección provisional (integrada por el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Gholamhossein Mohseni Ejei y un miembro del Consejo de Guardianes), supervisará la transición. El Parlamento aseguró que “todos los escenarios” han sido previstos para la era posJamenei.
Sin embargo, el frente militar se ha abierto con rapidez. Irán lanzó más de 200 misiles y numerosos drones contra territorio israelí en menos de 24 horas, además de ataques contra instalaciones estadounidenses en la región. En Israel, al menos dos personas murieron y 456 resultaron heridas, según el Ministerio de Salud; 86 permanecen hospitalizadas, una en estado grave. El servicio de apoyo psicológico ERAN informó de un aumento del 40 % en las llamadas desde el inicio de las hostilidades.
El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, advirtió que quienes “cruzaron la línea roja” pagarán un precio elevado. Desde Teherán, las declaraciones oficiales apuntan directamente al presidente estadounidense Donald Trump y al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. La denominada “Operación Promesa Verdadera 4” fue activada pocas horas después de la muerte del líder religioso.
La crisis se produce pese a que, durante febrero, Irán y Estados Unidos habían sostenido tres rondas de negociaciones indirectas bajo auspicio de Omán, sin avances significativos. El colapso de esos esfuerzos diplomáticos deja ahora a la región ante una confrontación directa cuya duración y alcance resultan inciertos.
Más allá del duelo y las proclamas de venganza, la desaparición de Jamenei abre una etapa inédita en la historia contemporánea de Irán. La estabilidad interna del régimen y la capacidad de contención internacional serán determinantes para evitar que el conflicto derive en una conflagración regional de mayor escala.



































