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OPINIÓN | LOS SILENCIOS DE LOS SANTIAGUEROS

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Carlos Mejía Blanco
Carlos Mejía Blanco

Por Carlos Mejía Blanco | Vértice critico.

Solo imaginar que una empresa española, en su proceso de expansión, La Sirena, se llevó entre las uñas los espacios que representaban vestigios históricos de la ciudad; entre las pérdidas se encuentra el Teatro Colón, ¡que ya nadie recuerda!

ANDRES ACEVEDO
ANDRES ACEVEDO

El historiador Andrés Acevedo recrea un sentimiento de profundo arraigo del ciudadano santiaguero: «¡No dejaría jamás a Santiago ni siquiera a cambio del Paraíso, donde se supone que existe la vida eterna!».

Pero expresa una preocupación que merece ser examinada con detenimiento: Santiago de los Caballeros posee una historia cautivadora, pero también presenta silencios inexplicables que, en ocasiones, se prolongan durante más de un siglo. Hay períodos en los que, al consultar los registros disponibles, parece que la vida de la ciudad se hubiera detenido.

La realidad es que en la ciudad de Santiago se ha vivido un vaivén histórico; las actividades culturales empezaron entremezcladas con los juegos de azar, carreras de caballos, apuestas de salones y los deportes profesionales, donde en una apuesta se puede perder todo. A partir de 1890 se iniciaron los casinos, lo que comenzó a hacer evidente la separación social que dividía a los ciudadanos entre «gentes de primera y de segunda».

La sociedad santiaguera empezó a organizarse socialmente alrededor de instituciones que funcionaban como embudos sociales, donde las damas y los caballeros podían encontrarse, cultivar sus relaciones y participar en actividades reservadas a determinados círculos sociales.

En la memoria de Acevedo permanecen imágenes del Teatro Colón y de aquella casona donde se estableció por primera vez la Universidad Católica Madre y Maestra.

Cada uno de esos lugares constituía una pieza de la memoria santiaguera. No eran solo edificios destinados a actividades comerciales, educativas o recreativas. Eran escenarios donde se encontraban las personas, se desarrollaban relaciones sociales y se producían acontecimientos que, con el tiempo, adquirían valor histórico.

Para el historiador Andrés Acevedo, encontrar información para la investigación es como una odisea. Señala las dificultades que pueden presentarse en algunas instituciones de servicio público y sin fines de lucro, cuyos documentos y archivos, pese a su naturaleza institucional, parecen manejarse como si fueran propiedades privadas.

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