
Por Henry Polanco (abogado)
Hay una fábula vieja que cuenta una verdad poderosa sobre las personas y su naturaleza, la cual siempre nos deja una enseñanza similar a la naturaleza humana, como si todo se entrelazara.

Dice la fábula que, al llegar al río donde tenían que cruzar el alacrán y el sapo, el alacrán, que no podía nadar por su naturaleza, le pidió al sapo que lo ayudara a cruzar el río.
Al principio, el sapo duda. Sabe de lo que es capaz el alacrán y no quiere que le pique su aguijón venenoso. Pero el alacrán argumenta: “Si te pico, los dos nos ahogaremos”. El sapo lo pensó un minuto y sintió que la súplica del alacrán sonaba bastante razonable, así que acepta llevarlo al otro lado del río.
A mitad del cruce, el sapo siente una picadura repentina y dolorosa, que le corta la respiración, justo en medio de la espalda, como nunca antes había sentido.
Mientras el veneno hace efecto y empiezan a hundirse, el sapo, incrédulo, mira al alacrán y le pregunta: “¿Por qué me picaste?
Ahora los dos vamos a morir”. La respuesta del alacrán es tan fría como simple: “No puedo evitarlo. Es mi naturaleza”.
En la campaña electoral del Recinto UASD Santiago se vive la naturaleza del alacrán y el sapo, siempre que alguien quiere llegar al puesto, no por su propio trabajo, sino a la zanca del otro, y no importa que ambos se queden en medio del río. Se nota el veneno que es lanzado por el aguijón de los alacranes, que tratan de llegar a dirigir y ser autoridades a costilla del más popular. Pero cuidado, es su naturaleza: si antes clavaron sus aguijones venenosos, ¿por qué no hacerlo de nuevo?
En materia electoral y, sobre todo, en el modelo UASD, se gana sumando, no restando. Se gana con trabajo propio, no hay verticalidad del voto, ya que no es con picapollo ni con prebendas. Son maestros y docentes quienes van a elegir a las próximas autoridades, y el sostén a Anubis no puede cargar a un candidato sin trabajar políticamente, avanzando hacia una propuesta realista que conlleve a salir de la crisis de los alacranes y tratar de que los sapos no sean aguijoneados por el veneno de estos que buscan llegar por el trabajo ajeno.



































