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¿SE DERRUMBA LA CRÍTICA DE GUERRERO? LA ALIANZA EDITA–ALDELYS Y EL 54.4 % QUE SACUDE LA ELECCIÓN EN LA FCES.

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Por José Espinal Marcelo

En política, los números no hablan por sí solos; hablan a través de la interpretación que se haga de ellos. Por eso, cuando el profesor Juan Antonio Cerda Luna afirmó que la alianza entre las maestras Edita Rodríguez y Aldelys Rodríguez arranca con un 54.4 % de la preferencia electoral medida por la encuesta PASDAL de marzo de 2026, se abrió un debate que trasciende la simple aritmética y se adentra en el terreno de la estrategia electoral, la mercadotecnia política y la construcción de mayorías.

La respuesta del maestro Guerrero intenta desmontar ese planteamiento argumentando que los votos no pueden sumarse mecánicamente y que una eventual segunda vuelta constituye una elección distinta. A primera vista, la observación parece razonable. Sin embargo, un análisis técnico más profundo revela que la crítica de Guerrero combate una afirmación que Cerda Luna realmente nunca hizo.

Lo primero que debe aclararse es que Cerda Luna no afirmó que la alianza tenga garantizado el triunfo ni que el 54.4 % se trasladará automáticamente a una segunda vuelta. Lo que sostiene es algo muy diferente, "que la unión de dos candidaturas que registraban 27.8 % y 26.6 % de apoyo electoral crea una fuerza política potencial equivalente al 54.4 % de las preferencias medidas por la encuesta". Desde el punto de vista estadístico y electoral, esa afirmación que hace Cerda Luna es correcta.

Las campañas políticas de todo el mundo calculan sus escenarios sobre la base de la agregación de fuerzas. Ningún estratega comienza evaluando cuánto perderá una alianza; primero determina cuál es su potencial electoral conjunto. Esa es la razón por la que las coaliciones existen. Si la suma de sus apoyos no produjera una ventaja competitiva, simplemente no tendrían sentido.

En términos de mercadotecnia política, la lectura de Cerda Luna responde a un concepto ampliamente utilizado, el capital electoral agregado. Cuando dos candidaturas relevantes se unen bajo un mismo acuerdo político, la primera medición que realizan los equipos de campaña consiste precisamente en determinar la magnitud de la nueva fuerza que surge de esa convergencia. En consecuencia, la cifra de 54.4 % no constituye una predicción del resultado final, sino una fotografía de la correlación de fuerzas existente tras la formalización de la alianza.

El principal problema del planteamiento de Guerrero es que reduce el análisis a una discusión matemática cuando el fenómeno es esencialmente político. Es cierto que los votos no son propiedad de los candidatos y que no existe una transferencia automática del ciento por ciento de los apoyos. Nadie que conozca mínimamente la dinámica electoral sostendría lo contrario. Sin embargo, tampoco existe evidencia alguna que permita concluir que la transferencia será nula o insignificante.

La experiencia electoral demuestra justamente lo contrario. Cuando se producen acuerdos públicos entre liderazgos reconocidos, una parte importante de los electores suele seguir las orientaciones políticas de los grupos con los cuales se identifica. Esto ocurre con mayor intensidad en procesos universitarios, donde los votantes forman parte de equipos organizados, corrientes de opinión, redes académicas y estructuras gremiales que mantienen vínculos estables durante años.

Por esa razón, la pregunta relevante no es si habrá transferencia de votos. La verdadera interrogante es cuál será el porcentaje de transferencia que logrará la alianza. Y es precisamente ahí donde la crítica de Guerrero pierde fuerza, porque evita abordar el aspecto central del debate.

Existe además otro elemento que suele ser ignorado por quienes observan las elecciones únicamente desde la estadística descriptiva. Las alianzas no solamente suman apoyos; también producen efectos psicológicos sobre el electorado. La literatura especializada en comunicación política identifica este fenómeno como Bandwagon Effect o efecto ganador.

Cuando dos candidaturas importantes deciden unirse, se proyecta una imagen de crecimiento, fortaleza y viabilidad electoral. Muchos electores que se encontraban indecisos o distantes de la contienda comienzan a percibir que existe una opción con capacidad real de imponerse. En numerosas ocasiones, esta percepción termina generando apoyos adicionales que no estaban presentes antes de la alianza.

Desde esta perspectiva, la comunicación política desarrollada por Cerda Luna no busca presentar una ecuación matemática, sino construir una avenida electoral. El mensaje es claro, "existe una mayoría académica que ha decidido caminar unida". Y en política, los mensajes de unidad suelen ser mucho más poderosos que los discursos de fragmentación.

Otro aspecto que merece atención es la referencia al 4.5 % de los encuestados que no expresaron preferencia en la medición de marzo. Guerrero presenta este dato como una variable capaz de alterar cualquier proyección. Lo que no explica es por qué ese segmento tendría que inclinarse necesariamente hacia una candidatura específica. Los indecisos pueden distribuirse entre cualquiera de las opciones existentes, e incluso dividirse proporcionalmente según las tendencias predominantes. Por tanto, su existencia introduce incertidumbre, pero no invalida la fuerza potencial de la alianza.

La cuestión de fondo es que Cerda Luna interpreta la encuesta como una herramienta para medir correlación de fuerzas, mientras que Guerrero pretende convertirla en un pronóstico matemático para luego cuestionar su validez. Son dos enfoques distintos. El primero pertenece al terreno de la estrategia política; el segundo, al de la estadística descriptiva. Y cuando se trata de comprender procesos electorales reales, la estrategia suele ofrecer explicaciones más completas que la simple aritmética.

En definitiva, la alianza entre Edita Rodríguez y Aldelys Rodríguez ( Team Rodríguez ), representa un hecho político objetivo que modifica el escenario electoral de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Su potencial conjunto supera la votación individual de cualquier candidatura medida en la encuesta PASDAL. Esa realidad no garantiza victorias ni asegura resultados definitivos, pero tampoco puede ser desestimada mediante argumentos que ignoran el funcionamiento de las alianzas electorales y los efectos que estas producen sobre la percepción del electorado.

La política no es una hoja de cálculo. Es una combinación de números, liderazgos, emociones, expectativas y construcción de consensos. Y en ese terreno, el análisis de Juan Antonio Cerda Luna parece estar más cerca de la lógica electoral que la crítica formulada por Guerrero.

"Al final, las elecciones tienen una regla sencilla: cuando una alianza obliga a sus adversarios a hablar más de ella que de sí mismos, algo importante está ocurriendo en el tablero."
4/6/2026

JEM. Es servidor universitario. Se ha desempeñado como asesor de imagen y comunicación en diferentes campañas electorales, con basta experiencia en observación electoral en diversos países de América Latina.

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