
Por Héctor Hernández | Vértice Crítico.

Que el escollo es la falta de unidad, que hay que armar una propuesta electoral, que la participación electoral tiene que ser sin compromiso con el sistema, que el problema es de acumulación de fuerzas desde lo popular. Son de los criterios que más se escuchan y que identifican hoy a las corrientes del movimiento alternativo, teniendo todas ellas como referencia común la herencia comunista, expresada en distintos grados, pero que forman un todo frente al mismo blanco general de lucha y resistencia: EL CAPITALISMO.
A seguidas, hay que tocar el punto clave de que el movimiento entiende y asume el contenido anticapitalista de la lucha como solo adecuado y necesario para el reducido círculo de su membresía, y que a las masas se las incorpora a la lucha estratégica, no llevándoles asuntos directamente relacionados con el contenido capitalista del sistema, sino con las manifestaciones derivadas, en un segundo o tercer plano, de la dominación del capital, pero no sobre el fondo del problema, porque supuestamente no será entendido ni asimilado.

Al concebir, bajo esa valoración, aquella herencia común en la que se sostienen los esfuerzos de articulación de la respuesta anticapitalista actualizada en suelo dominicano, las falencias arrastradas están pesando mucho al llevar a un espacio marginal el impacto del accionar transformador, y hay que sacarlas a flote si lo que buscamos es que la crítica contribuya a una mayor objetividad y que imprima a la lucha mayor efectividad.
La principal falencia es la siguiente: el movimiento se mantiene merodeando alrededor del blanco general (el capitalismo), sin descender hasta el terreno del elemento en el que aquel blanco general se conjuga y se visibiliza como el cuerpo guía del capital en la época actual, de la misma manera que le ha ocurrido en sus épocas pasadas con sus respectivas formas específicas de identificación del sistema general de dominación; y del hecho de que estemos en condiciones o no de ubicar, describir y definir ese elemento depende que podamos construir la narrativa que, entendida por las masas, se convierta en conciencia, en combustible estratégico que las movilice en resistencia contra el capital.
Así, agarrándose del eslabón que, dependiendo del contexto histórico, le ha permitido asegurarse el espacio vital que, desde su punto de vista, le corresponde, el capital recoge en su historia los elementos que, a través de su tiempo de existencia, han sido en cada etapa el buque insignia que le ha permitido solventar sus necesidades internas y también las exigencias que le impone la lucha con su contraria, la fuerza de trabajo.
Tomando como referencia la etapa de la Revolución Industrial inglesa en el siglo XIX, tenemos:
A) La etapa de la propia Revolución Industrial, que impuso al mundo del capital de la época el uso generalizado de la máquina movida a vapor. Mientras tanto, la respuesta con la que se encontró el capital en ese nuevo contexto fue la siguiente: habiendo adquirido la Revolución Industrial el rango de acontecimiento irreversible por los logros que supuso la máquina de vapor en la producción, reproducción y acumulación de capital, la parte contraria (la fuerza de trabajo) vio en ese hecho una amenaza para su existencia y reaccionó dando nacimiento, a principios del siglo XIX, al movimiento encabezado por el tejedor Ned Ludd y que consistió en romper las máquinas; de ahí el nombre de Movimiento Ludista.
Despejado y esclarecido el panorama para la fuerza de trabajo sobre el rol de la máquina de vapor en el proceso de la producción, a esa etapa sucedió la lucha por conquistas económicas y, más adelante, la conversión de la fuerza de trabajo en clase política con el Movimiento Cartista y la Liga de los Comunistas.
B) La etapa del expansionismo que siguió a la Revolución Industrial, expresada no solo como expansión comercial, dada la mayor producción de mercancías —sobre todo en la industria textil del algodón—, sino fundamentalmente en la creación de un sistema colonial que, bajo tales condiciones, descentralizó la industria. De ese sistema colonial surgió el escenario de la siguiente etapa soporte del capital: el imperialismo capitalista (distinguible por el protagonismo del capital financiero), y a cuya cabeza quedó finalmente EE. UU. como expresión máxima de la centralización y la concentración (el monopolio, en otras palabras).
Mientras tanto, la respuesta a este nuevo escenario en que entró el capitalismo fue que, desde dentro del escenario colonial de origen capitalista, emergieron sectores adeptos al capital que reivindicaron el derecho a un desarrollo con base nacional (una de las versiones del nacionalismo) para su capitalismo y la acumulación de riqueza privada, versión esta que, de manera directa o indirecta, alimentó la lucha contra la dependencia del capital y, como contradicción intercapitalista, fue aprovechada por el comunismo para sumar espacio humano y geográfico en las regiones donde tuvo lugar (sobre todo, Europa del Este y Asia). Otra cosa ocurrió en las áreas que fueron parte del sistema colonial que tuvo su origen en la Europa medieval, pero sobre esto llegará el momento para su abordaje.
C) El mundo empezó a quedar pequeño para el capital y vino la guerra de rapiña, la Primera Guerra Mundial entre bandos capitalistas, y desde entonces quedó incorporada la industria armamentista como uno de los principales activos del capital.
D) El capitalismo salió por lana y volvió trasquilado, como dice el refrán, pues, en vez de continuidad de la expansión y del fortalecimiento, el resultado final de la guerra fue la reducción de su espacio y de su potencial al iniciarse, con la Revolución rusa de 1917, el proceso de construcción y desarrollo socialista.
E) Con la Revolución rusa, el capital entró en su primera etapa de deriva y, ya dentro de ese contexto defensivo, se vio compelido a armar el Estado de bienestar para disminuir el efecto de la avalancha.
F) La Segunda Guerra Mundial confirmó, profundizó y consolidó la alternativa socialista frente al capital.
G) Emergencia de la Revolución socialista china como la fuerza de mayor peso, tanto local como internacional, a partir de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo XXI.
H) La configuración de la estrategia de libre mercado por parte del capitalismo vino a dotarlo de capacidad de iniciativa en un escenario internacional compartido con el campo socialista. La desintegración de la URSS dejó con exclusividad en las manos de China la antorcha de la revolución socialista para el siguiente ciclo, que es en el que todavía nos encontramos.
I) La actual etapa de irrupción del continente americano como el escenario desde el cual se definirá el próximo ciclo de la revolución contra el capital, proceso del cual hemos vivido dos ciclos: el primero correspondió a la Revolución rusa y el sovietismo; el segundo, al socialismo modelo chino; y el tercer y próximo ciclo será del socialismo a la americana, del que hay que esperar más desarrollo que permita definir parte de sus características específicas y fundamentales.
Pero hay una característica para la que no es necesaria tal espera, ya que ella es previa, como elemento latente, al inicio de este ciclo y es la que le ha dado origen. Se trata del rostro con el que en la actualidad se presenta el capital y que es el rostro con el que se le puede identificar hoy. ¿Cuál es? Es el fenómeno de la gran riqueza privada.
La trayectoria seguida por el capital hasta llegar a la gran riqueza privada como su buque insignia ha sido la siguiente: la máquina de vapor como sostén del capital; la libre concurrencia como el oxígeno del capital; la expansión y descentralización de la industria como soporte del capital; el capital bajo la cobija de lo nacional; el capital financiero como bandera del capital; la fase monopolista del capital y el capital de libre mercado, como el ambiente que allanó el camino para que la pequeña élite tenedora de la gran riqueza privada emergiera en el escenario como el buque insignia del capital.
He aquí algunos datos que muestran esta realidad a través de unos niveles de acaparamiento y concentración del capital, bajo el formato de riqueza privada, sin precedentes en la historia y, como es lógico ante tal situación, la generación de los mayores grados de desigualdad existentes entre los integrantes de la sociedad. Por ejemplo, en 2019 se atribuyó a un sujeto que lleva por nombre Elon Musk tener una riqueza privada acumulada de $908 mil millones. Tomando como base un hogar norteamericano con una fortuna acumulada de $141,000, la del referido señor equivale a la riqueza que pudieron acumular 6.4 millones de hogares de economía mediana de EE. UU. Al día de hoy, es el resultado más peculiar y normal del capitalismo, y todo su empeño de permanencia como sistema dominante está cifrado en poder mantener vigente la narrativa de que esa es la base del progreso de la sociedad, que hay que aceptarlo porque así lo dispuso Dios.
Otros datos: según la organización Oxfam Internacional, al hacer investigaciones en estos ámbitos, se encuentra con que la riqueza de los 100 más grandes milmillonarios equivale al patrimonio de la mitad más pobre del planeta, o sea, más de 4,100 millones de personas. Sobre el mercado laboral, Oxfam calcula que se necesitaría el salario anual de 15 millones de trabajadores solo para igualar lo que este reducido grupo de supermillonarios gana en apenas 30 días. Y, aplicando el cálculo para medir la brecha en el día a día, una persona promedio en regiones como América Latina necesitaría trabajar de manera ininterrumpida durante 90 años para ganar lo que uno solo de los hombres más ricos gana en apenas un día.
LA GRAN RIQUEZA PRIVADA Y EL ESPACIO PÚBLICO.
Después de años observando el comportamiento y desempeño de los gobiernos en los países dominados por el capital, Marx llegó a la conclusión de que aquellos no eran más que juntas de administración de los intereses de los capitalistas. Pero, en aquellos tiempos, los dueños del capital y su ganancia bajo la forma de riqueza privada rehuían convertirse en actores de la política que, como se sabe, es la vía de intervención en el espacio público. Los dueños de la riqueza privada no tenían necesidad de hacerlo, pues para la defensa de sus intereses privados tenían a su merced al estamento político.
Eso ha cambiado, ya que los políticos aprendieron a hacerse ricos desde las funciones públicas y, en esa misma medida, dejaron de ser los sirvientes de otros ricos, y estos otros dejaron de confiar en el estamento político para la defensa de su riqueza y han optado por ocuparse ellos directamente de la función pública para asegurarse, lo más posible, de que sirva a sus intereses privados.
El fenómeno de la gran riqueza privada, y detrás de esta el capital, ha llegado a unos niveles de necesidad de control social absoluto en este siglo XXI, lo cual viene condicionando tanto el desenvolvimiento de la sociedad que a esta no le queda otra salida que comenzar a reaccionar para defenderse ante lo que le viene cayendo encima.
Comenzando por el mismo centro del capitalismo (el imperio), como forma de mandar la señal a todo el andamiaje del capital a nivel internacional, ya hoy el elemento distintivo por excelencia para ocupar un cargo público de cualquier rango es el nivel de acaparamiento de riqueza privada; lo que se está viendo y comprobando es que, para la minoría gran propietaria de riqueza privada, a mayor tenencia de riqueza privada por el individuo, más apto está para asaltar las funciones públicas que, a su vez, se ven reducidas a servir, no para lo público, no para lo colectivo, sino para lo privado, para lo mío, y con ello la desarticulación hasta del propio pseudotejido social construido por y subordinado al capital, en un desesperado intento por prevenir y evitar lo que viene de manera ineludible: la prevalencia de la época de LO DE TODOS.
Es este el desafío que, como emergencia social, está tocando la puerta del movimiento en búsqueda de respuesta, y es necesario abrírsela.





































