Home Actualidad Más allá del "Like": Violencia, redes sociales y la deshumanización del dolor.

Más allá del "Like": Violencia, redes sociales y la deshumanización del dolor.

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Por Pablo A. Ferreiras Pérez | Vértice crítico.

Pablo Ferreiras Pérez.
Pablo Ferreiras Pérez.

Otro muerto no es solo un "muerto más"; no es una "mala suerte"; no es una estadística más llevada en la contabilidad de lo nefasto. Cada muchacho que cae en nuestras calles es la prueba inequívoca de que caminamos mal, que el proyecto de país ha fracasado, que la agenda social que estamos cumpliendo está mal elaborada y necesita una revisión urgente.

Lamento mucho que estemos asistiendo a una etapa en la cual actuamos como aves carroñeras, esperando la descomposición del cadáver para comer su carne podrida. No vemos más allá del impacto inmediato en las redes. Usamos las desgracias ajenas para suplir la preponderancia mediática de la que padecemos.

El dolor humano lo estamos convirtiendo en mercancía. Más que mostrar empatía por la pérdida de una vida, pensamos primero en viralizar la desgracia. A propósito de la terrible noticia con la que hoy, 28 de junio, despierta el municipio de Navarrete, se trata de la muerte por herida punzocortante del joven Daniel Maximiliano Pérez. De este hecho se acusa a otro joven llamado Félix Castro. El hecho de sangre ocurrió en el Viejo Carril. Debo hacerme eco de un audio en el cual es abordado el supuesto homicida y, en este, dice no tener conciencia de haber cometido dicho homicidio, pues, según su versión, recibió un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente.

No nos detenemos a pensar que, en nuestro afán de monetizar, lo que hacemos es negociar con la sangre inocente derramada por nuestra juventud. Nuestra responsabilidad no es por omisión; el afán de publicidad morbosa, sin una crítica objetiva, nos convierte en cómplices conscientes de este entramado destructivo.

Nuestros muchachos están siendo llevados al matadero por una ingeniería de masas diseñada y puesta en funcionamiento con objetivos estratégicos: se procura impedir que esos muchachos puedan razonar y pensar de forma creadora y progresista, al mismo tiempo que se les conduce a incorporar como propio y natural un modelo de vida orientado hacia la violencia y el delito.

Estamos frente a un modelo de dominación impuesto a los sectores que no son dueños del capital. El propósito es claro: se trata de alienar a la juventud, en tanto que ha sido ese sector el que siempre, a través de la historia, ha desempeñado un papel determinante para impulsar las transformaciones sociales. Es un esquema de dominación espiritual y cultural impuesto, sustentado en una tesis elemental: propiciar la búsqueda frenética del bienestar individual, al tiempo que se desprecian y maldicen las propuestas de soluciones colectivas. De ahí que la competencia irracional de "todos contra todos" cree un ecosistema apropiado para la difusión de la muerte violenta como ritual. Matar, más que una afrenta bochornosa para el asesino, se está interpretando como la victoria del vencedor. El que mata es el fuerte, es el que se impone sobre el otro; casi lo estamos ungiendo como héroe. Muere el débil, el perdedor.

La muerte es una tragedia que llena de dolor a las familias. No es un trampolín para lanzarnos a la búsqueda desesperada de los "me gusta" en las redes. El dolor del otro no es una mercancía que podamos intercambiar por beneficio económico. Necesitamos ponerle un alto a esta marcha de irresponsabilidad colectiva. No podemos seguir indiferentes frente a una realidad profundamente alienante que está promoviendo el exterminio de nuestra juventud.

Cada muchacho que cae víctima de la violencia callejera, anidada bajo la cultura delincuencial, nos aproxima cada vez más al precipicio como país. Caminamos a pasos agigantados hacia un callejón sin salida. Toca detenerse por un momento y pensar en lo que está sucediendo para hallar las explicaciones que nos permitan reorientar la marcha. Las generaciones que vamos de paso no podemos culminar este tránsito terrenal sin dar cumplimiento a la responsabilidad que le corresponde a cada generación de dejarles el camino mejor acondicionado a las nuevas para que continúen trabajando en el interminable proceso de legarles a las futuras una vida digna y segura.

Encontramos en el pensamiento de Juan Pablo Duarte una profunda concepción de la responsabilidad intergeneracional cuando exhorta a trabajar por y para la Patria, porque trabajar por la Patria es, en esencia, trabajar por nosotros mismos y por nuestros hijos. En la visión duartiana, la República no pertenece exclusivamente a quienes la habitan en el presente, sino también a quienes habrán de heredarla. Cada generación tiene el deber de fortalecer las instituciones, defender la soberanía, ampliar las oportunidades y dejar mejores condiciones sociales, económicas y morales que las recibidas. Ese compromiso con el porvenir constituye una de las expresiones más elevadas del patriotismo concebido por el Padre de la Patria.

Inspirados en los grandes derroches de sacrificio y entrega desinteresada de nuestros luchadores por un mejor país, debemos luchar por cambiar el rumbo y enderezar la marcha hacia un modelo social justo y democrático, en el que todos quepamos. Se impone reformar nuestra vida social, el modelo productivo y la lógica distributiva. Es urgente reorientar el actual proceso de concentración desproporcionadamente inmoral de la riqueza en pocas manos hacia un esquema racionalmente participativo e inclusivo. Se impone dejar atrás el actual modelo que prestigia la riqueza exorbitante de unos pocos frente al empobrecimiento de la mayoría.

Inscribirse en esta apuesta no es un descubrimiento científico. Ni siquiera es un desafío destructivo al modelo de explotación capitalista.

El actual rumbo de la sociedad dominicana va en dirección contraria al mandato de la Constitución vigente en nuestro país. Se trata de hacer que los poderes fácticos aterricen en la realidad jurídica anunciada en el diseño constitucional que ellos mismos han impuesto. Es hacer que la Constitución se cumpla en toda la amplitud de su propuesta. No solo debe darse cumplimiento al deber ser que imponen las leyes penales sobre el pueblo no propietario de las grandes riquezas; también hay que dar cumplimiento al proyecto de inclusión social establecido en los derechos económicos y sociales. Apenas con cumplir efectivamente la Constitución podemos superar, en lo inmediato, muchas de las deficiencias sociales por las que atraviesa el país en estos momentos históricos. Con solo dar cumplimiento al mandato constitucional lograríamos ofrecerles a nuestros muchachos un nuevo horizonte basado en el trabajo como fundamento y en la cultura como fuerza vigorosa, capaz de forjar el futuro luminoso que está llamada a preparar para sus descendientes.

No es la muerte violenta en las reyertas callejeras el destino de nuestros muchachos. Hay una sociedad justa e inclusiva que debemos legarles. El análisis comparado de las economías del mundo demuestra que allí donde la desigualdad social es menor, también son más bajos los índices delictivos y, concomitantemente, las muertes violentas. Existe una relación directa entre el estado de bienestar y la calidad de la paz social.

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