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“Para Freddy Sebastián: El Coraje de Vivir”. Carta abierta de un padre a su hijo.

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Freddy Sebastián
Freddy Sebastián

En medio de la enfermedad, un padre transforma el dolor en esperanza y levanta, con palabras de amor, una bandera de valentía para su hijo Freddy Sebastián:

Para Freddy Sebastián: El coraje de vivir

Hijo, hoy iniciamos el cuarto ciclo de quimioterapia y lo hacemos con el corazón lleno de certezas. En estos cinco años no hemos caminado solos; nos han sostenido pilares inquebrantables:

La fe y la oración: nuestro refugio y guía constantes.

La educación y el amor: las herramientas con las que construimos cada día.

La buena vibra: esa energía de amigos, amigas y seres queridos que nos empuja hacia adelante.

Tu valentía, nuestra bandera

Juan Contreras y y su hijo Freddy Sebatian
Juan Contreras y y su hijo Freddy Sebatian

Tu deseo de vivir y el coraje que has demostrado son el motor de este optimismo. Venimos con la frente en alto, sabiendo que Dios tiene el control y que tu disposición para recuperar la salud es absoluta.

“Dios concede la victoria a la constancia.”

Agradecemos a la vida que hoy nos sigue sonriendo y a cada persona que envía su buena energía. No nos vamos a rendir.

¡Pa’lante, Freddy Sebastián!
Vamos por la victoria, paso a paso, con la fuerza de siempre.

“El coraje no es tener la fuerza para continuar; es continuar cuando no tienes fuerzas.”
— Napoleón Bonaparte

Marzo de 2026
Caracas, Venezuela.

El coraje de vivir: carta abierta de un padre a su hijo:

Hay momentos en la vida en los que el tiempo parece detenerse y cada día adquiere un peso distinto, más profundo, más esencial. No se mide entonces en horas ni en calendarios, sino en gestos de amor, en silencios compartidos y en la esperanza que se renueva con cada amanecer. En ese territorio íntimo habita hoy la historia de Freddy Sebastián, un niño que ha convertido la valentía en una forma de existir.

Cinco años han pasado desde que la vida puso a prueba a su familia. Cinco años en los que la palabra lucha dejó de ser una metáfora para convertirse en una realidad cotidiana. Hospitales, tratamientos, ciclos de quimioterapia, incertidumbres. Pero también abrazos, oraciones, manos extendidas y una fe que se ha negado a rendirse.

En medio de esa travesía, un padre escribe. No lo hace con el lenguaje distante de los discursos ni con la frialdad de las estadísticas médicas. Escribe con el corazón. Cada palabra nace de ese vínculo silencioso y poderoso que une a un padre con su hijo, especialmente cuando el mundo parece exigir más fuerza de la que cualquiera debería tener.

Hijo, hoy iniciamos un nuevo ciclo de tratamiento”, dice en su mensaje. Y esa frase sencilla contiene todo: la preocupación, la esperanza, el amor inmenso que no necesita adornos.

El padre recuerda que no han estado solos. Habla de los pilares que han sostenido su caminar: la fe y la oración como refugio, la educación y el amor como herramientas para construir cada día, y la energía solidaria de amigos y seres queridos que han enviado palabras, gestos y pensamientos de aliento.

Pero en el centro de todo está Freddy.

No el paciente, no el niño que enfrenta una enfermedad, sino el símbolo de una valentía que a veces sorprende incluso a los adultos. Su deseo de vivir (dice su padre), es el verdadero motor de la esperanza. En un mundo que a menudo olvida lo esencial, un niño recuerda que la fuerza más grande puede habitar en el cuerpo más pequeño.

El mensaje del padre no es un lamento. Tampoco es una queja contra el destino. Es, más bien, una declaración de fe en la vida. Una forma de decir que el amor puede sostener incluso los días más difíciles.

No nos vamos a rendir”, afirma.

En esas cuatro palabras hay una promesa. La promesa de caminar juntos, de resistir juntos, de creer juntos.

La historia de Freddy Sebastián también habla de algo más amplio: de la capacidad humana de encontrar luz incluso en medio de la adversidad. Cada gesto de apoyo, cada oración, cada palabra enviada desde lejos confirma que la esperanza también es una obra colectiva.

Y mientras un nuevo ciclo de tratamiento comienza, un padre mira a su hijo con la frente en alto y con el corazón firme. Sabe que el camino no es fácil, pero también sabe que el coraje verdadero no consiste en no caer, sino en levantarse una y otra vez.

Porque hay batallas que no se ganan solo con medicina, sino con amor, con fe y con la obstinada voluntad de vivir.

Freddy Sebastián camina ese camino.
Y a su lado, como un faro constante, camina su padre.

Paso a paso.
Sin rendirse.
Con la certeza de que el coraje, cuando nace del amor, puede volverse infinito.

Editorial Vértice critico (JEM)

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