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Trump ante la ONU: el discurso del poder imperialista.

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Donald Trump, presidente de los EE.UU.. (FUENTE EXTERNA)

Por Julio Disla | Vértice crítico. 

Julio Disla
Julio Disla

El discurso pronunciado este 22 de septiembre de 2026 por Donald Trump ante el 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas no fue simplemente una intervención diplomática. Fue, fundamentalmente, una exposición de la concepción imperialista de las relaciones internacionales que coloca a Estados Unidos por encima de la soberanía de los pueblos y del propio sistema multilateral.

Trump llegó a la ONU para decirle al mundo, una vez más, que para Washington la paz no se construye mediante la igualdad entre las naciones, sino desde la correlación de fuerzas, la amenaza militar y la capacidad de imponer condiciones.

Reuters reportó que, durante sus 37 minutos de discurso, defendió sus acciones de política exterior, amenazó con “aniquilar” a Irán si no se alcanza un acuerdo y atacó instituciones multilaterales como la Corte Penal Internacional.

“Estados Unidos primero”: la vieja doctrina con nuevo lenguaje

Cuando Trump proclama que Estados Unidos es más fuerte y rico que nunca y que posee el ejército más poderoso del planeta, no está simplemente describiendo una realidad económica o militar. Está enviando un mensaje político: el poder norteamericano pretende convertirse en criterio de legitimidad internacional.

La frase de que, mientras otros hablaban, él actuaba y que, mientras otros hablaban de paz, él la consiguió revela una concepción profundamente unilateralista: la paz aparece subordinada a la voluntad del más poderoso.

Pero la humanidad necesita exactamente lo contrario.

Necesita un mundo donde ninguna potencia pueda decidir quién vive, quién muere, qué gobierno es legítimo, qué país puede ser castigado y qué pueblo debe someterse.

Cuba: soberanía contra injerencia

Particularmente grave resulta su caracterización de Cuba como un país “fracasado” y su afirmación de que la isla “caerá”. Reuters confirmó que Trump habló de un cambio fundamental en Cuba y afirmó que la “libertad” llegaría a la isla.

Desde una perspectiva de izquierda, hay que decirlo sin ambigüedades:

Los problemas de Cuba deben ser resueltos por los cubanos.

Se puede criticar al Gobierno cubano, discutir sus errores, sus limitaciones económicas o sus políticas internas. Pero ninguna crítica democrática puede convertirse en argumento para legitimar una intervención extranjera.

La soberanía no puede defenderse solamente cuando nos conviene.

Venezuela y México: la geopolítica del garrote

Trump también volvió a exhibir su concepción intervencionista hacia América Latina. Su discurso vinculó a los cárteles con el Estado Islámico y cuestionó el control territorial de México, mientras defendió una política agresiva hacia Venezuela y reivindicó la lógica de que “el vencedor se queda con el botín”.

Esta expresión debería preocupar profundamente a América Latina.

¿Desde cuándo la política internacional se convirtió en un botín para el vencedor?

Los pueblos latinoamericanos conocen demasiado bien las consecuencias de esa filosofía: golpes de Estado, invasiones, bloqueos, operaciones encubiertas, dictaduras apoyadas desde Washington y gobiernos sometidos a los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

El continente no necesita nuevos tutores imperiales.

Necesita soberanía, integración latinoamericana, cooperación y autodeterminación.

Irán: cuando la amenaza nuclear sale de la boca de una potencia

El punto más peligroso del discurso fue, probablemente, la amenaza contra Irán.

Trump planteó la disyuntiva entre alcanzar un acuerdo o “aniquilar” a la República Islámica. Reuters reseñó que el presidente estadounidense utilizó precisamente esa amenaza ante la Asamblea General.

Aquí estamos ante algo mucho más serio que una provocación retórica.

Cuando el presidente de una potencia militar y nuclear habla de “aniquilar” un Estado, la humanidad entera tiene derecho a preocuparse.

No existe guerra limpia.

No existe “aniquilación quirúrgica”.

No existe bomba inteligente capaz de distinguir perfectamente entre gobernantes y pueblos.

Detrás de cada amenaza militar existen millones de seres humanos que pueden convertirse en víctimas.

La contradicción de hablar de paz mientras se amenaza con destruir

Trump aseguró que quiere terminar la guerra en Ucrania y detener la matanza.

Pero resulta difícil presentar un proyecto coherente de paz mientras, simultáneamente, se amenaza a otro país con su destrucción.

La paz no puede tener dos lenguajes: diplomacia para unos y aniquilación para otros.

La verdadera paz requiere negociación, respeto a la soberanía, seguridad colectiva y solución política de los conflictos.

La batalla por la inteligencia artificial

Otro elemento de enorme importancia fue su referencia a la inteligencia artificial, a la que presentó bajo el concepto de “superinteligencia”, mientras rechazó los planteamientos de regulación internacional que considera “globalistas”. Reuters reportó precisamente su oposición a las preocupaciones sobre seguridad de la IA y su defensa del liderazgo estadounidense en esta tecnología.

Aquí aparece uno de los grandes conflictos del siglo XXI.

¿Quién controlará la inteligencia artificial?

¿Los pueblos y sus Estados, mediante mecanismos democráticos de cooperación internacional?

¿O las grandes corporaciones tecnológicas y las potencias que poseen los mayores recursos computacionales, financieros y militares?

El presidente de la Asamblea General ha planteado que la cuestión no es si la IA transformará el mundo —porque ya lo está haciendo—, sino si todos los países tendrán voz en esa transformación.

Desde una perspectiva progresista, esa debe ser una bandera fundamental: la inteligencia artificial no puede convertirse en propiedad exclusiva de un puñado de corporaciones y potencias imperialistas.

La tecnología debe estar al servicio de la humanidad, no de la acumulación ilimitada de capital, la vigilancia, la guerra y la dominación.

“No existe gobierno global”: ¿pero quién gobierna realmente?

Trump rechazó cualquier idea de gobierno mundial y reafirmó que, mientras él sea presidente, nadie estará por encima de Estados Unidos.

La contradicción es evidente.

Porque, aunque no exista formalmente un “gobierno mundial”, existe una estructura internacional profundamente desigual donde determinadas potencias tienen una capacidad económica, militar, tecnológica y financiera incomparablemente superior a la mayoría de los países.

El problema no es solamente quién gobierna el mundo. El problema es quién tiene el poder suficiente para imponer sus decisiones al mundo.

Y ahí está la verdadera discusión.

La ONU necesita más soberanía multilateral, no menos

La intervención de Trump ocurre precisamente cuando la ONU enfrenta una crisis de legitimidad y eficacia. La presidencia de la Asamblea ha colocado entre sus prioridades la gobernanza internacional de la inteligencia artificial, precisamente porque ningún país debería quedar excluido de las decisiones sobre una tecnología que transformará a toda la humanidad.

Por eso, frente al unilateralismo de Trump, la humanidad debe defender un multilateralismo democrático y popular.

No una ONU burocrática, distante de los pueblos y subordinada a las grandes potencias, sino una organización internacional capaz de defender la paz, la soberanía, el derecho internacional, el desarrollo sostenible y los derechos de los pueblos.

El desafío para América Latina y el Caribe

Para América Latina y el Caribe, el discurso de Trump debe ser leído con especial atención.

Cuba, Venezuela, México y el resto de nuestra región no pueden contemplarse como piezas de un tablero geopolítico estadounidense.

La respuesta latinoamericana debe ser unidad, soberanía e integración.

Y para las fuerzas progresistas y de izquierda en República Dominicana, esta discusión tiene una importancia particular. No podemos limitar nuestro análisis a simpatías o antipatías personales hacia Trump. Tenemos que identificar la estructura de poder que representa y preguntarnos qué proyecto queremos construir frente a ella.

Frente al imperialismo: soberanía plena.

Frente a la guerra: paz.

Frente a la amenaza: diplomacia.

Frente al bloqueo: solidaridad.

Frente al control corporativo de la IA: soberanía tecnológica.

Frente al unilateralismo: multilateralismo democrático.

Frente a la dominación: autodeterminación de los pueblos.

El discurso de Trump ante la ONU no debe provocar solamente indignación.

Debe provocar conciencia política.

Porque el verdadero debate del siglo XXI no es simplemente quién ocupará la Casa Blanca. Es qué tipo de mundo estamos construyendo y quién tendrá el poder de decidir sobre el destino de la humanidad.

Y esa batalla apenas comienza.

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