
Por: Raúl A. Veras | Vértice Crítico.

Hoy el calendario oficial, los libros de texto de la burguesía y los medios del sistema nos dicen que debemos celebrar el “Día de la Raza” o el “Día del Descubrimiento de América”.
Mentira. Falsificación histórica. Un mito criminal que debe llenar de indignación y rebeldía a los pueblos caribeños y de todo el continente.
El 12 de octubre no se descubrió nada. Lo que comenzó fue el más grande genocidio y saqueo de la historia humana.
Cuando las tres carabelas de Colón encallaron en estas tierras en 1492, aquí ya existían civilizaciones, culturas, idiomas, pueblos organizados.
Solo en nuestra isla, Quisqueya o Ayití, vivían más de un millón de taínos. A 50 años de la llegada de los españoles, no quedaban más de 3,000. Fue un exterminio sistemático.
Lo que llegó con Colón no fue civilización ni evangelización. Fue:
1. El exterminio: Nuestros pueblos originarios fueron sometidos a trabajos forzados en las minas, mutilados si no entregaban oro, quemados vivos, ahorcados, sus mujeres violadas.
Fray Bartolomé de las Casas, testigo de la época, lo narró con horror: los españoles apostaban a quién cortaba a un indio en dos de un solo tajo.
2. El saqueo: Iniciaron 534 años de saqueo ininterrumpido. Primero el oro y la plata que financiaron el capitalismo europeo. Luego el azúcar con sangre esclava, luego el café, el cacao, el níquel, el turismo. El famoso “descubrimiento” fue el acta de nacimiento del saqueo del continente para enriquecer a los imperios.
3. La colonización y el dominio: Nos impusieron su idioma, su dios, su rey y su raza como superiores. Nos enseñaron a avergonzarnos de ser indios y negros. Nos dividieron la isla y el continente con fronteras artificiales para mejor dominarnos.
Y ese pecado original lo seguimos pagando, en pleno siglo XXI.
Seguimos siendo pueblos que producen lo que no consumen y consumen lo que no producen. Seguimos con una economía de enclave, exportadora de materias primas e importadora de todo, atada al dólar y a las órdenes de Washington, que ayer fue Madrid y hoy es la Casa Blanca.
Por eso el 12 de octubre es un día de luto.
Pero también debe ser un día de rebeldía.
Rebeldía para reivindicar a Caonabo, a Anacaona, a Guarocuya, a Lemba, a todos los caciques y cimarrones que prefirieron morir peleando antes que ser esclavos.
Rebeldía para decir que no somos “descubiertos”, somos pueblos en resistencia. Que no somos “raza”, somos pueblos con identidad propia.
Rebeldía para entender que la segunda independencia que necesitamos —la independencia económica, política, alimentaria y cultural—, sigue pendiente.
Que no nos hablen de encuentro de dos mundos. Aquí hubo un invasor y un invadido. Un saqueador y un saqueado. Un exterminador y un exterminado.
Mañana no celebremos. Conmemoremos con dignidad. Enseñemos a nuestros hijos la verdad. Levantemos la bandera de que otra América es posible, sin imperios, sin saqueo y sin colonizadores internos.
12 de octubre, nada que celebrar, mucho que denunciar!
¡Honor y gloria a nuestros mártires taínos y africanos!
¡Hasta la victoria siempre!
Municipio Santo Domingo Este.






































