
¡Jornada espectacular!

Por Narciso Isa Conde | Vértice Crítico.

“La reelección de Lula es un golpe importante al neofascismo bolsonarista para enfrentar y resquebrajar su cerco institucional y la influencia en los poderes fácticos, si se sabe emplear”.
Lula y el PT conquistaron de nuevo la presidencia de Brasil con una ventaja de 3.5 %, en una votación final de 51.7 % a 48.2 % frente al neofascista Flavio Bolsonaro y al propio Donald Trump, que no ocultó la injerencia descarada del poder imperialista estadounidense.
Venció el liderazgo socialdemócrata petista al clan neofascista-bolsonarista y al trumpismo en las elecciones brasileñas de 2026.
Ganó holgadamente… y eso, en este momento continental y mundial —en términos geopolíticos, de la lucha por la multipolaridad mundial, de la lucha contra la agresiva decadencia de EE. UU. y de la contienda político-social al interior de esa superpotencia—, es un acontecimiento político sumamente importante.
Es un éxito coyuntural de gran significación por lo que implicaría Brasil, sus enormes riquezas naturales y su fuerza militar-industrial en poder de los Donald Trump, Marcos Rubio, los Elon Musk, Bolsonaro y el Complejo Militar-Industrial-Financiero-Digital-Minero estadounidense.
El calificativo de bolsonarista al neofascismo brasileño no es un estigma, ni tampoco una calumnia, es algo bien ganado por ese clan familiar perteneciente a una de las variantes del fascismo moderno.
Los propósitos anunciados por Flavio Bolsonaro durante toda la campaña electoral —y antes por su padre Jair y sus hermanos— revelan su tenebrosa impronta política, económica, social y cultural.
PROPÓSITOS NEOFASCISTAS PARA BRASIL
Recordemos sus pretensiones fatales para Brasil y para nuestra América y las más recientes denuncias sobre la criminalidad del bolsonarismo durante la gestión de Jair y más recientemente en Río de Janeiro y los estados que controla. Veamos:
- – Privatización de Petrobras y de todas las empresas públicas y de propiedad social. Entrega del petróleo, las tierras raras y los minerales críticos a EE. UU.
- – Apropiación de la Amazonía por el gran capital… devastación ecológica.
- – Incremento de la jornada de trabajo, salarios de miseria, concentración del ingreso y la propiedad.
- – Política exterior alineada con la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. 2025, participación en el Escudo de las Américas y en la Coalición Militar Continental.
- – Complicidad con el estrangulamiento y la eventual invasión a Cuba, con la agresión a México y Nicaragua.
- – Alianza continental neofascista, con Milei, Bukele, Kast, Noboa… con las derechas tipo Abinader, Murillo, Delcy…
- – Represalias contra Lula y acoso criminal al PT y movimientos sociales contestatarios.
- – Distanciamiento o trabajo de quinta columna dentro de los BRICS.
- – Paramilitarismo miliciano e incremento de la criminalidad policial y de las asociaciones delictivas del clan Bolsonaro con la narcocorrupción y el sicariato cívico-policial.
- – Incremento del racismo, el laicismo en la educación, del machismo, la homofobia y aplastamiento de la libertad de orientación sexual.
- – Adoctrinamiento fascista de la PN y las FF. AA.
OLEADA ANTIFASCISTA Y NUEVOS RETOS
La imperiosa necesidad de impedir esos designios ominosos motivó una oleada popular antifascista en los albores de la segunda vuelta y esto, junto a la decisión de Lula y el PT de no dejarse derrotar y no permitir que el bolsonarismo neofascista asaltara el poder ejecutivo y con ello controlara todos los poderes del Estado, por fin, estimuló un torrente de denuncias de los asesinatos, fechorías y robos a cargo del clan familiar Bolsonaro.
El fascismo es un hueso duro de roer hasta que se le da en el epiplón y de múltiples maneras, y pienso que pudo consolidarse y crecer hasta la segunda vuelta de los comicios de 2026, porque no se enfrentó con la radicalidad necesaria.
Avanzó en primera vuelta al primer lugar y logró una mayoría amplia en las gobernaciones y en el Congreso. Pero en segunda vuelta ganó Lula sin que el bolsonarismo pudiera arrebatarle el triunfo.
Un golpe importante para enfrentar el cerco institucional y la influencia en los poderes fácticos, si se sabe emplear.
Ese triunfo mantendría un valor significativo si, en el contexto adverso que lo rodea, Lula y el PT se deciden usar la presidencia, el poder ejecutivo, para rescatar, con el pueblo movilizado, las condiciones necesarias para poder gobernar sin las trabas ya impuestas y si logran hacerlo sin las inconsecuencias del pasado.
Incluso tendría un valor extraordinario, sobre todo si ahora las masas del PT no se desmovilizan.
Si, además, durante la nueva gestión del PT, la radicalidad del pueblo y de todas las fuerzas realmente transformadoras de Brasil obligan a Lula y a la cúpula del PT a proponerse vencer desde la presidencia, con el pueblo en las calles, la camisa de fuerza institucional, empresarial y militar bolsonarista que podría cercar su gobierno.
Determinación de gran trascendencia para Brasil y para nuestra América, ajena a anteriores trayectorias ambivalentes y contemporizadoras de Lula y de la alta dirección del PT.
De lo contrario, sería un Lula-PT bastante entrampado.
El neofascismo bolsonarista, en lugar de conciliar con Lula y el PT, lo va a tratar de acosar y hará lo indecible para desestabilizar su gobierno junto a EE. UU. y a toda la reacción mundial. Aun sin ganar la presidencia puede hacer muchos daños y solo si se le combate con mucho valor, fuerza e inteligencia, eso se podría evitar.
El bolsonarismo cuenta con sectores de las FF. AA., con la oligarquía fascista brasileña, con gran parte de las iglesias evangélicas fundamentalistas y el apoyo de la internacional neofascista, del trumpismo y del complejo militar-industrial de EE. UU. y la OTAN.
ESTO EXIGE darle continuidad a la línea de movilización y protestas, estimular la indignación cívico-militar democrática… hasta debilitar y aislar el neofascismo en coordinación con todas las luchas continentales y mundiales antifascistas y antiimperialistas.
Un tema no solo para Brasil, sino para todos los casos donde se ha entronizado un neofascismo repudiado por amplios sectores populares y con tasas y dinámicas de desgaste aceleradas en tiempos cortos y medianos.
Hay que disponerse a desintegrar los neofascismos en todas sus vertientes y en todo el planeta.






































