
Por Víctor Castillo (Charin) | Psicólogo | Vértice Crítico.

Viktor Frankl nos enseñó que el sentido de la vida no es una idea abstracta, sino una realidad concreta que descubrimos día a día. Para lograrlo, nos propone tres caminos prácticos que nos ayudan a responder ante cualquier situación:
A través de lo que creamos o aportamos: Hallamos sentido en aquello que le damos al mundo. No se necesita una obra maestra; basta con realizar nuestras tareas diarias con entrega y propósito. En lo cotidiano, esto se refleja en cultivar un jardín, escribir, enseñar, cuidar a la familia o cumplir con excelencia en el trabajo. La labor diaria cobra valor cuando se convierte en un SERVICIO a los demás.
A través del amor y las vivencias: El sentido también se experimenta al contemplar la naturaleza, disfrutar del arte o conectar de corazón con alguien. Para Frankl, amar es ver lo más valioso en la pareja, los hijos o los amigos, acompañándolos a desarrollar su mejor versión. El AMOR es la fuerza más profunda para transformar nuestras vidas.
A través de la actitud ante el dolor inevitable: Cuando la pérdida, la enfermedad o el sufrimiento no se pueden evitar, nos queda la oportunidad más valiosa: decidir cómo responder. Frankl llamaba a esto el «OPTIMISMO TRÁGICO»: la capacidad de decirle «SÍ» A LA VIDA a pesar de la adversidad, convirtiendo el dolor en un logro con dignidad.
De esta última vía nace su principio más célebre: LA ÚLTIMA DE LAS LIBERTADES HUMANAS. Nos pueden quitar los bienes, la salud o la posición social, pero nadie puede arrebatarnos la LIBERTAD INTERIOR de elegir nuestra propia ACTITUD frente a las circunstancias.
En la Entrega 3, abordaremos cómo superar el vacío existencial en la sociedad contemporánea, el legado de Frankl tras la guerra y una reflexión profunda sobre lo más trascendente de su pensamiento.





































