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PSICOLOGÍA | SER REFUGIO, NO SOLO PROVEEDOR: LO QUE LA CIENCIA DEL APEGO ENSEÑA SOBRE EL AMOR ENTRE PADRES E HIJOS.

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Maestro Víctor Castillo, psicólogo.
Maestro Víctor Castillo, psicólogo.

ENTREGA 2. CRIAR SIN ABRAZOS: EL MANUAL DE WATSON.

Víctor Castillo (Charín) | Psicólogo | Vértice Crítico. 

Lo de Harlow fue un escándalo porque contradecía lo que la ciencia enseñaba a los padres. John B. Watson, el psicólogo más influyente de Estados Unidos y padre del conductismo, sostenía que todo se aprende por premios y castigos y que los sentimientos internos no importan porque no se pueden medir.

En 1928 publicó, con su esposa, Rosalie Rayner, un manual sobre el cuidado psicológico del niño que vendió unos 100.000 ejemplares en pocos meses. Uno de sus capítulos advertía sobre los peligros del exceso de amor materno. Sus consejos eran no besar ni abrazar a los hijos, no sentarlos en el regazo y, como mucho, darles un beso en la frente por la noche y un apretón de manos por la mañana.

Recomendaba también tratarlos como pequeños adultos, imponer horarios rígidos, no acudir al llanto para no malcriarlos y fomentar la independencia muy temprano. Los hospitales seguían la misma lógica: limitaban las visitas de los padres y, cuando el niño dejaba de llorar, se anotaba que ya se había adaptado.

El método no funciona por varias razones.

Primero, su base científica era pobre. Se apoyaba en experimentos mínimos, como el del pequeño Albert, en el que Watson condicionó a un solo bebé a temer a una rata. Nunca estudió cómo crecían a largo plazo los niños criados con su método.

Segundo, confundía obediencia con bienestar. Un niño que deja de llorar no está necesariamente bien. Muchas veces ha aprendido que nadie vendrá. Por fuera parece tranquilo, pero por dentro sigue alterado.

Tercero, su predicción central resultó falsa. Ainsworth y Bell mostraron en 1972 que los bebés atendidos con rapidez lloraban menos al final del primer año, no más. La dependencia segura en la infancia es lo que permite la independencia después.

Cuarto, ignoraba que un bebé no puede calmarse solo. Su cerebro aprende a regular el miedo a través del adulto que lo consuela, lo que se llama corregulación. Dejarlo solo no lo fortalece, lo desborda.

Quinto, incluso su coautora dudó. En 1930, Rosalie Rayner escribió que lamentaba no haber dado a sus hijos más alegría y ternura.

Watson enseñaba a ser una madre de alambre. Quienes lo siguieron no fueron fríos, sino responsables con lo que la ciencia de su tiempo les decía.

En la próxima entrega: los bebés que se apagaban, el nacimiento de la teoría del apego y el experimento que mide la confianza de un niño.

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