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¿POR QUÉ TIEMBLAN DE PREOCUPACIÓN LOS GOBIERNOS LACAYOS ANTE LAS PROTESTAS DE LOS PUEBLOS?

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Por Henry Polanco | Abogado  | Vértice Crítico. 

A pesar de la propaganda masiva con la que los medios hegemónicos nos presentan la realidad latinoamericana y caribeña como irreversible, destinada a ser gestionada por fuerzas al servicio de los intereses de Washington, y mientras preparan sus asaltos sobre Brasil (25 de octubre) y, previsiblemente, sobre México, en un futuro no muy lejano, los pueblos de Nuestra América han empezado a demostrar que jamás se deben dar por definitivas sus derrotas, por severas que estas sean.

Las manifestaciones y los asaltos electorales, gestionados desde Washington y por la ultraderecha y la derecha conservadora, demuestran que nada es previsible y que las mentiras tienden a tener una vida muy corta.

Las derechas en el poder sabían que, tarde o temprano, debían esperar la reacción popular; jamás creyeron sus propias mentiras de eternidad en el poder. Por eso actuaron como actuaron, construyendo muros legales contra la protesta popular y destinando enormes recursos económicos a los medios de comunicación, creyéndose los dueños de la democracia de pícnic, como modelo de gobiernos ultraconservadores.

Si las muestras de lucha callejera han demorado en surgir aquí o allá, como las flores en primavera, es probablemente por la incapacidad de sus dirigentes para unificar esfuerzos, dejar de lado contradicciones secundarias y, más de una vez, mezquindades en busca de protagonismo.

Sin embargo, «con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes», al decir de una frase atribuida al argentino Juan Perón, los pueblos no esperarán a que, desde salones y con café, se resuelvan las diferencias entre dirigencias.

Chile y Bolivia, por diferentes motivos y también con distintos resultados, dieron los primeros indicios de que no todo estaba tan bien y bajo control como pretendían vender los medios hegemónicos.

De Santiago a Buenos Aires, las protestas se contagiaron como se contagia la alegría. De la llamada marcha de la bronca a la masiva lucha universitaria en defensa de la gratuidad de la educación, transcurrió un breve lapso de tiempo que, sin embargo, tenía otro antecedente imprescindible: las marchas de jubilados, que fueron mostrando un camino empedrado de represión cobarde, respondida con el heroísmo de la tenacidad y la voluntad de lucha por lo que es justo.

La acumulación de fuerzas, posiblemente lenta y aún dispersa, aparece también en otros rincones del continente.

En Río de Janeiro y otros grandes centros urbanos de Brasil, inmediatamente después del resultado de la primera vuelta electoral, la masividad de la movilización antibolsonarista resultaba conmovedora y alentadora.

Si De la Espriella, en Colombia, pensaba que asesinar y reprimir sería su forma de asegurar un gobierno que nació ladrando, las masivas marchas de protesta, aún con escasa cohesión, muestran la disposición a la lucha y la resistencia del pueblo.

En Europa, Francia arde; España protesta por los abusos en materia de vivienda; Italia, Londres y otros países también son escenarios de protestas. Todos buscan ahora responsabilizar a la ultraizquierda.

Por ahora, la ola de masivas luchas callejeras no llega a El Salvador. En República Dominicana, las protestas lucen difusas. Demasiadas divisiones en el campo popular, excesivo sectarismo, búsqueda de protagonismo, miopía política y una alta influencia de los medios de manipulación y desinformación masiva mantienen los niveles de movilización y protesta demasiado bajos. El miedo también es otro factor, pero la alegría de la lucha, cuando llega, es contagiosa.

Pero desde el sur del continente va subiendo una ola de protesta liberadora y antifascista que, más temprano que tarde, llegará, y el drama que hoy viven El Salvador y República Dominicana, así como la mayor parte de Centroamérica, llegará a su fin.

Parafraseando a Rosa Luxemburgo, las revoluciones nunca parecen tan lejanas e imposibles como cuando están a punto de estallar.

Más allá de sus oscuros triunfos electorales, las derechas siguen teniendo de qué preocuparse y pronto tendrán su justicia popular.

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