
Por Faustino Collado | Vértice Crítico

Lo sucedido en Haití hace unos días, donde cuatro soldados salvadoreños fueron atacados y secuestrados, ha ocasionado una aparente sorpresa en el presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
Sus declaraciones dan la impresión de que él no sabía ni sabe en qué metió a su país y adónde iban sus soldados.
Con aparente inocencia, proclama que El Salvador no ha invadido Haití, que no tiene nada contra Haití, que los secuestrados no son soldados combatientes, sino técnicos de aviación, y que, si los liberan, todo vuelve a la normalidad anterior.

Es increíble esa ingenuidad ante la realidad del conflicto.
¿Quién no sabe que Haití está en guerra interna? No importa que uno de los bandos sean pandillas y, peor aún, que lleven una guerra sin códigos ni ética de guerra. ¿Quién no sabe que la misión militar de la ONU, en la que Bukele accedió a participar, es una misión política, de forma y fondo, se esté o no de acuerdo con ella? ¿Quién no sabe que para devolver la paz y una progresiva institucionalidad a Haití habrá violencia y se llevarán de por medio muchas cosas? ¿Ese riesgo quién no lo sabía?
Bukele, ante esta situación, tiene la oportunidad de asumir el reto y probar su bravuconería, su visión militarista en los conflictos políticos o su inteligencia: negociar y retirarse de Haití, para que su patrón asuma su responsabilidad histórica en Haití.







































