
ENTREGA 5. EL SACRIFICIO, DOS MEMORIAS Y UNA PUERTA ENTORNADA

Por Víctor Castillo (Charín) | Psicólogo | Vértice Crítico.
Hay una generación que quiso haciendo: madrugando, doblando turnos, renunciando a todo por los hijos. Ese amor fue real y enorme, pero el sacrificio por sí solo no crea vínculo, por tres razones.
La primera es que el niño no lo ve. No sabe lo que cuesta un colegio. Ve a un padre cansado y a una madre ocupada, y lo que recibe es la ausencia.
La segunda es que, cuando se nombra, se vuelve deuda. La frase "con todo lo que he hecho por ti" nace del dolor, pero llega como una factura, y nadie se siente a salvo ante alguien a quien le debe algo impagable.
La tercera es que a veces sustituye la presencia. Es más fácil cocinar que preguntar cómo está el hijo y escuchar la respuesta, y más fácil pagar estudios que acompañar un llanto sin arreglarlo.
A muchos padres no les faltó amor, les faltó un modelo. Lo que hace volver a un hijo no es la gratitud, sino cómo se siente al cruzar la puerta.
En 2021, Sarah Schoppe-Sullivan, de la Universidad Estatal de Ohio, encuestó a más de mil madres distanciadas de algún hijo adulto. Casi ocho de cada diez culparon a un tercero, normalmente el otro progenitor o la pareja del hijo. Seis de cada diez señalaron la salud mental del hijo. Algo más de un tercio habló de diferencias de valores. Menos de dos de cada diez mencionaron algo que ellas mismas hubieran hecho. Los hijos, en otros estudios, hablan de maltrato emocional, de no sentirse escuchados y de expectativas imposibles.
No es que alguien mienta. Cada uno recuerda la casa que vivió: la madre recuerda lo que dio y el hijo lo que sintió. Por eso, al hablar, cada uno saca su lista y ninguno se siente comprendido.
En 2020, Karl Pillemer, de la Universidad de Cornell, encuestó a más de 1.300 personas. El 27 por ciento había cortado contacto con algún familiar, y uno de cada diez con un padre o un hijo. Es un problema enorme que permanece escondido porque da vergüenza.
Un estudio que siguió a miles de familias durante más de veinte años encontró que el 6 por ciento de los hijos se había distanciado de la madre y el 26 por ciento del padre. Pero el 81 por ciento de los distanciamientos con la madre y el 69 por ciento con el padre terminaron. La distancia suele ser una puerta entornada, no cerrada.
En la próxima y última entrega: cómo se construye y se repara la confianza, cómo se reconcilian las familias y la conclusión general.




































