
Por Juan Contreras | Vértice Crítico.
El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil representa un respiro estratégico y un hito de resistencia soberana en Nuestra América, sacudiendo el tablero geopolítico regional. Su victoria frena momentáneamente la avanzada fascista y neoliberal que amenazaba con convertir al subcontinente en un mero protectorado del capital transnacional.


Esta victoria erosiona los planes históricos de Washington de restaurar su hegemonía absoluta bajo la rancia Doctrina Monroe y su actualización cínica, encarnizada en el Corolario Trump. El imperialismo norteamericano ve frustrado su intento de consolidar un bloque de gobiernos cipayos dedicados al saqueo sistemático de nuestros bienes comunes y nuestra soberanía energética.
Sin embargo, el pensamiento crítico revolucionario nos obliga a no caer en ingenuidades reformistas ni en falsas ilusiones socialdemócratas. El lulismo opera dentro de los límites del Estado burgués y del capitalismo dependiente, negociando permanentemente con las élites oligárquicas y los agronegocios que actúan como quinta columna del capital financiero global.
Por ello, el verdadero significado de este triunfo no reside en una ruptura anticapitalista, sino en la apertura de una coyuntura táctica favorable para la movilización popular y la reconstrucción de la unidad latinoamericana. Es una trinchera desde la cual los pueblos organizados debemos relanzar la lucha por una emancipación real y definitiva.
La tarea histórica del movimiento revolucionario y antiimperialista no es subordinarse a la diplomacia tradicional, sino profundizar la conciencia de clase y radicalizar las calles. Solo con la unidad combativa de los pueblos de Nuestra América podremos barrer los vestigios del coloniaje y construir el socialismo indoamericano.
Caracas, Venezuela 🇻🇪
Desde la Esquina del Barrio



































