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3 de marzo de 1980: La huelga que rompió el cerco del “Código Trujillo” y sentó jurisprudencia nacional

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Trabajadores protegen a Miguel Medina, secretario general del gremio, ante la represión policial; Capellán, Báez, D Co, Germán y Lencho Paulino (EPD), fue brutalmente golpeado por un sargento mayor.
Trabajadores protegen a Miguel Medina, secretario general del gremio, ante la represión policial; Capellán, Báez, D Co, Germán y Lencho Paulino (EPD), fue brutalmente golpeado por un sargento mayor.

“El instante preciso para asumir esa delicada y riesgosa decisión solo era conocido por la directiva del sindicato, que logró mantener el secreto hasta que el reloj marcó la cita con la historia.”

Miguel Medina
Miguel Medina

Por Miguel Medina, Mag.
Primera Parte

El calendario marcaba el 3 de marzo de 1980. Faltaban escasos minutos para que el reloj indicara las dos de la tarde y se iniciara el cambio de turno entre los obreros que concluían su jornada y los que comenzaban sus ocho horas de trabajo. En medio del chillido de las máquinas donde se procesaban productos derivados de la leche, se coordinaba sigilosamente una epopeya que marcaría un hito, con ribetes de heroicidad y valentía, en la historia del movimiento sindical dominicano.

Aunque se había agotado un proceso de negociación que recorrió (como no había sucedido antes), todas las etapas procesales del llamado Código Trujillo de Trabajo, tediosas y diseñadas por el poder y los patronos para resultar prácticamente infranqueables para los obreros, la mayoría de quienes finalizaban o iniciaban su jornada desconocían lo que estaba a punto de comenzar. Sabían que, después de agotada la mediación de la Secretaría de Trabajo y celebrada la asamblea con la presencia de la mayoría especial requerida, se disponía de un plazo de quince días para iniciar la huelga en cualquier momento. Sin embargo, el instante preciso para asumir esa delicada y riesgosa decisión solo era conocido por la directiva del sindicato: un grupo firme y cohesionado que logró mantener el secreto hasta que el reloj marcó la cita con la historia.

Los obreros se saludaban en un ambiente de cofradía; el operador que recibía la máquina en plena producción intercambiaba palabras con quien ya completaba su faena. De repente, ocurrió lo que se había pactado en estricto secreto. Las maquinarias dejaron de funcionar repentinamente. El secretario general de SITRACODAL suspendió la energía eléctrica en toda la fábrica. Reinó, por un instante, un dramático silencio. Pero el silencio fue solo una pausa: pronto resonaron las voces de los dirigentes en cada departamento, anunciando el inicio de la huelga y exhortando a los trabajadores a concentrarse en el comedor de la empresa.

Todos los trabajadores (salvo uno que traicionó), acudieron al lugar indicado. Escucharon con emoción las palabras de su secretario general y se dio inicio a la jornada sindical que se coronaría como la primera en sentar jurisprudencia nacional al ser declarada huelga legal, haciendo añicos las trabas impuestas por la Ley 2920, conocida como Código Trujillo de Trabajo.

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