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Abinader apuesta por el control interno para dirigir la Policía

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mayor general a Andrés Modesto Cruz Cruz
mayor general a Andrés Modesto Cruz Cruz. Foto fuente externa.

El ascenso de Andrés Modesto Cruz Cruz refuerza la lógica de supervisión institucional en una fuerza bajo presión reformista.

Por José Espinal.

SANTO DOMINGO. El presidente Luis Abinader ha vuelto a mover una pieza clave en el tablero de la seguridad pública. Mediante el Decreto 111-26, ascendió a mayor general a Andrés Modesto Cruz Cruz y lo designó director general de la Policía Nacional, en sustitución del mayor general Ramón Antonio Guzmán Peralta, ahora enviado al retiro y reciclado como asesor presidencial en materia policial.

El gesto no es meramente administrativo. En un país donde la reforma policial ha sido promesa recurrente y proceso irregular, la elección de un perfil identificado con el control interno y la fiscalización sugiere que el Gobierno quiere enfatizar disciplina y supervisión antes que despliegue mediático.

Cruz Cruz no proviene del ala operativa más visible, sino del engranaje institucional menos glamuroso y más técnico. Hasta ahora inspector general (2023-2026), ha transitado por Asuntos Internos, Control Interno y funciones de enlace con el Ministerio de Defensa. En términos burocráticos, conoce los tornillos antes que los reflectores. Para una institución cuestionada periódicamente por abusos, corrupción y déficits de confianza ciudadana, ese detalle no es menor.

Su formación añade una dimensión interesante al perfil. Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña y con maestría en Defensa y Seguridad Nacional por el Instituto Superior para la Defensa General Juan Pablo Duarte y Díez, combina credenciales técnicas con especialización estratégica. A ello se suman entrenamientos en liderazgo transformacional, investigación criminal y manejo de crisis, incluidos programas con organismos de Estados Unidos, Israel y Colombia; países que han exportado con entusiasmo sus modelos de seguridad, con resultados mixtos.

El decreto se ampara en los artículos 255 y 256 de la Constitución y en la Ley 590-16, que otorgan al presidente la facultad de nombrar al director general entre oficiales generales activos. Formalmente, la decisión encaja sin fricción. Políticamente, revela continuidad en el modelo centralizado de conducción policial.

El traslado de Guzmán Peralta a una función asesora sugiere un equilibrio cuidadoso: evitar rupturas abruptas en la cúpula mientras se proyecta renovación. La administración Abinader ha insistido en que la modernización policial requiere profesionalización y controles más estrictos. La interrogante no es si Cruz Cruz posee las credenciales (las condecoraciones y reconocimientos oficiales abundan), sino si podrá traducir su experiencia en control interno en una cultura institucional menos reactiva y más preventiva.

La Policía dominicana enfrenta un dilema estructural: demanda social de firmeza contra el crimen y exigencia simultánea de respeto a derechos fundamentales. Un director formado en inspección puede reforzar la primera sin sacrificar la segunda, pero la historia regional demuestra que la línea es tenue.

El nombramiento, en suma, parece menos una revolución que un ajuste fino. El presidente ha optado por alguien que conoce el mecanismo desde dentro, en lugar de un outsider o un reformista declarativo. Si la reforma avanza, será por acumulación técnica más que por épica política.

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