Por Juan Cabrera | Vértice crítico.

En la Universidad Autónoma estamos inmersos en un proceso electoral que habrá de culminar el próximo 17 de junio con la elección de un nuevo equipo de gestión y, con él, la culminación de una etapa que estuvo signada por un liderazgo basado, fundamentalmente, en la aparición de candidatos que eran producto de la formación de coaliciones, cuyo norte esencial no era necesariamente la academia, sino los intereses grupales y personales que ahí se movían.

La etapa a la que me refiero inició en 1990 con la elección del Dr. Ravelo Astacio; siguió con el Lic. Roberto Santana, el Dr. Edilberto Cabral, el Ing. Miguel Rosado (EPD), el Dr. Porfirio García, el Lic. Roberto Reyna, el Dr. Franklin García Fermín, el Lic. Mateo Aquino Febrillet (EPD), el Dr. Iván Grullón, la Dra. Emma Polanco y el Lic. Editrudis Beltrán, siendo el último mohicano de esa camada el Dr. Jorge Asjana, que, independientemente de los resultados de estas elecciones, abre un nuevo capítulo con el surgimiento de un liderazgo, con nueva mística y visión diferente, cuya elección estará marcada por la calidad de su discurso, la preparación que posea y la adaptación y adecuación que demuestre a los nuevos tiempos, dirigidos por el dominio de la inteligencia artificial, la telemática, la robótica, entre otros elementos de la cibernética y el ciberespacio.
Es innegable que esa nueva época tiene un representante genuino en el Dr. Radhamés Silverio, quien, además de su juventud, posee el carisma, la preparación y la proyección necesarias para iniciar esa nueva etapa del liderazgo académico. Porque, independientemente del lugar donde se esté, es innegable que Radhamés Silverio es un fenómeno: buena presencia, buen discurso, tremenda desenvoltura, dominio escénico, casi nula tasa de rechazo, carismático y decente.
Es importante señalar que en 1990 culminó una etapa de liderazgo académico y de calidad, cuya elección estaba marcada por la preparación y el respeto de los electores hacia el candidato; etapa que se reencontrará después de las elecciones del próximo 17 de junio, que, como expresé con anterioridad, independientemente de los resultados y de quién gane, marcará el final de la época del mercantilismo, del mercado persa, de la financiación de las campañas por personas ajenas a la academia y de la aparición de grupos de interés que solo surgen en los procesos electorales. Pero también culminará el tiempo de aquellos eternos candidatos, quienes ya no tendrán cabida en el nuevo espectro electoral.
Dirán algunos que soy un iluso y que estoy adivinando. Les diré que no; que solo hay que analizar el momento en que nos encontramos y proyectar el análisis del entorno, tanto mundial como local, en el que vivimos, para después mirar más allá de la curva y entonces tratar de entender lo que aquí estamos planteando.
En definitiva, estamos en los albores de un nuevo espacio de discusión en la UASD, con la aparición de nuevos actores, en donde Radhamés Silverio será el buque insignia que llevará la voz cantante, ya sea desde la Rectoría o desde la oposición, en donde el discurso será el resultado de los proyectos, actividades y acciones que demanden la época, los tiempos y la academia, en la que se exige pertinencia administrativa, calidad de los procesos, calidad educativa, relación UASD-Estado-Gobierno e internacionalización. Para entender estos nuevos tiempos se necesitará el dominio de diferentes softwares, de la IA y de todas las tecnologías cibernéticas en sentido general, porque el mundo estará dirigido por la informática y la UASD no podrá estar ajena a esa realidad.
Para el 17 de junio, que gane quien mejor amarre haya hecho; a partir de ahí, prevalecerá quien tenga mejor preparación y sepa interpretar con mayor claridad el presente y proyectar el futuro de la humanidad y, claro está, las respuestas que desde la academia se les puedan dar.
El autor no pretende ser apologista de los procesos de la UASD, pero sí tiene el deber de atreverse a exponer sus ideas, que no necesariamente serán del agrado ni contarán con la simpatía de algunos.

































