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¿Es válido que la UASD conmemore el centenario de Fidel Castro Ruz y reconozca su legado histórico?

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¿Es válido que la UASD conmemore el centenario de Fidel Castro Ruz y reconozca su legado histórico?

Maestro Ángel Osiris Torres
Maestro Ángel Osiris Torres

Por Ángel Osiris Torres | Vértice Crítico. 

Al conmemorarse el centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz, considero justo reconocer la dimensión histórica de quien fuera una de las figuras políticas más influyentes y controvertidas de la América Latina contemporánea.

Pero si hay un aspecto de su trayectoria que merece ser especialmente destacado es la solidaridad que promovió y practicó con los pueblos de América Latina y de otras regiones del mundo.

Fidel Castro hizo de la solidaridad internacional uno de los principios de su política exterior. Cuba ofreció cooperación médica, formación de profesionales, asistencia educativa y apoyo en situaciones de emergencia a numerosos países. Miles de médicos, maestros y otros profesionales cubanos participaron en programas de cooperación que llevaron servicios y conocimientos a comunidades que muchas veces carecían de ellos.

Esa concepción de la solidaridad trascendió el discurso político y se manifestó en acciones concretas. Para Fidel Castro, la cooperación entre los pueblos no debía estar determinada exclusivamente por intereses económicos, sino también por el principio de que quienes tienen mayores posibilidades deben estar dispuestos a ayudar a quienes más lo necesitan.

En este sentido, considero que también deben reconocerse los importantes avances alcanzados por Cuba en materia educativa y de formación profesional durante el período de Fidel Castro. Bajo su liderazgo, Cuba desarrolló y expandió ampliamente la educación pública y logró reducir el analfabetismo a niveles muy bajos. Asimismo, se formaron numerosos médicos, maestros, ingenieros y otros profesionales que posteriormente prestaron servicios dentro y fuera de Cuba, incluyendo programas de cooperación solidaria en numerosos países de América Latina, el Caribe, África y otras regiones del mundo.

Este proceso de formación de profesionales tuvo una importancia especial porque permitió que Cuba no solamente desarrollara sus propios recursos humanos, sino que también pudiera poner parte de ese conocimiento y esa capacidad profesional al servicio de otros pueblos. La educación y la salud se convirtieron así en instrumentos importantes de cooperación internacional.

También considero necesario recordar la relación política que Fidel Castro y la Revolución cubana mantuvieron con la República Dominicana, particularmente en el contexto de la lucha contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Cuba fue escenario y ofreció apoyo a iniciativas dirigidas contra aquella dictadura, entre ellas la expedición de Cayo Confites y, posteriormente, la expedición de Luperón. Estos episodios forman parte de la historia de las luchas políticas de nuestra región y constituyen un elemento que no debería ser ignorado cuando se analiza la relación histórica entre Cuba y la República Dominicana.

Otro aspecto que merece ser reconocido es el desarrollo deportivo alcanzado por Cuba bajo el liderazgo de Fidel Castro. Cuba llegó a convertirse en una potencia deportiva internacional, alcanzando resultados extraordinarios en numerosas disciplinas y situándose, en determinadas competencias y períodos históricos, por encima de países con poblaciones y recursos económicos considerablemente mayores. El desarrollo del deporte, unido a la educación y la formación de jóvenes atletas, constituyó también una de las áreas en las que el Estado cubano realizó una importante inversión social.

Reconocer estas dimensiones de su legado no significa idealizarlo ni justificar los errores, excesos o limitaciones de su gobierno. La historia de Fidel Castro debe ser examinada en toda su complejidad, incluyendo las profundas controversias relacionadas con las libertades políticas, el pluralismo y el ejercicio del poder.

Aunque nunca he creído ni creo en ningún sistema político de partido único que impida la libertad de expresión de sus ciudadanos, reprima la disidencia o encarcele a opositores por sus ideas políticas, eso no me limita a reconocer las cualidades políticas de Fidel Castro Ruz y sus aportes a América Latina y a otros pueblos del mundo en el plano de la solidaridad internacional.

Considero que Cuba, bajo su liderazgo, utilizó la educación, la salud y la formación de profesionales como instrumentos de cooperación y solidaridad con numerosos pueblos de América Latina, el Caribe, África y otras regiones del mundo. Reconocer esos aportes no significa justificar el sistema político de partido único ni pasar por alto las restricciones a las libertades y los derechos políticos. Significa, simplemente, tener una valoración equilibrada de una figura histórica de enorme trascendencia.

Al escribir este artículo sobre los indiscutibles méritos políticos y los invaluables aportes sociales de Fidel Castro Ruz, le pedí a un apreciado amigo que me diera una opinión u observación sobre este artículo antes de publicarlo. Efectivamente, este amigo me sugirió tomar en cuenta algunos aspectos que considero oportuno incorporar a esta reflexión.

Su observación me llevó a valorar aún más la importancia de la educación pública, la formación de profesionales, la cooperación internacional, el desarrollo deportivo y la relación histórica de Cuba con otros pueblos de América Latina. Considero que estos elementos ayudan a comprender con mayor amplitud la dimensión de Fidel Castro como dirigente político y la huella que dejó en diferentes ámbitos de la sociedad cubana y en sus relaciones con otros países.

Por eso considero acertado que la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD),  honre su memoria. Una universidad no honra necesariamente todas las actuaciones de una figura histórica cuando reconoce su trayectoria; honra también la posibilidad de estudiar, debatir y comprender críticamente a quienes han dejado una huella profunda en la historia.

A cien años de su nacimiento, podemos reconocer en Fidel Castro a un dirigente de extraordinaria capacidad política, cuya vida estuvo marcada por profundas contradicciones, pero también por una concepción de la solidaridad entre los pueblos, una política de formación profesional y determinados logros sociales y deportivos que dejaron una huella significativa en América Latina y en el mundo.

Recordar a Fidel Castro no significa justificarlo. Reconocer su legado solidario no significa ignorar sus errores. Significa mirar la historia de frente, con sus luces y sus sombras, y reconocer aquello que merece ser preservado como ejemplo de solidaridad, cooperación, educación, formación profesional y compromiso con los pueblos.

Que la memoria histórica permita estudiar su legado sin fanatismos, reconocer sus aportes sin idealizaciones y cuestionar sus errores sin negar su trascendencia histórica.

En mi valoración personal de Fidel Castro existe, además, un elemento que considero fundamental: nunca lo he percibido como un político que haya utilizado su extraordinaria capacidad oratoria y su discurso revolucionario para enriquecerse personalmente o para construir una vida caracterizada por privilegios, lujos o placeres.

El hecho de que Fidel fuera ateo o que no compartamos determinadas convicciones de su pensamiento político e ideológico no impide reconocer aquello que, desde mi perspectiva, constituye una de las características más relevantes de su trayectoria: la notable correspondencia que existió entre sus convicciones, su conducta política y el proyecto de sociedad que defendió.

Esa coherencia entre pensamiento, convicciones y actuación política es, para mí, digna de respeto, aun cuando no coincidamos plenamente con sus ideas ni compartamos todas sus decisiones.

Porque criticar los errores de una figura histórica no debería impedirnos reconocer sus virtudes, del mismo modo que reconocer sus virtudes no nos obliga a justificar sus errores.

Esa es, precisamente, la razón por la que considero legítimo y acertado que la UASD honre hoy su memoria: no para convertirlo en una figura intocable, sino para reconocer su trascendencia histórica, estudiar críticamente su legado y mantener vivo el debate sobre las ideas, los principios y los valores que marcaron su vida.

Cien años después de su nacimiento, Fidel Castro continúa siendo una figura que provoca admiración, rechazo, controversia y reflexión. Y precisamente por eso merece ser estudiado, debatido y recordado.

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