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EL ARTE DE LA ACCIÓN PERSONAL: DEL «LO HARÉ O MORIRÉ» A LA CONQUISTA DE TI MISMO.

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Entrega 1: LA DECISIÓN RADICAL Y EL FIN DE LAS EXCUSAS.

Víctor Castillo (Charin) | Psicólogo | Vértice Crítico.

Existen momentos en la vida que no admiten medias tintas ni discursos tibios. Son esos instantes en los que una persona deja de negociar con su propia cobardía y decide, con una determinación casi feroz, tomar las riendas de su destino. Este trabajo abordará, en tres entregas, el camino hacia esa transformación profunda.

El mejor consejo imaginable cabe en una fórmula tan simple como implacable: «Si es fácil, hazlo fácil. Si es difícil, hazlo difícil. Simplemente hazlo». O, dicho de forma aún más tajante: «Lo haré o moriré».

Esa actitud transforma el paisaje. El mundo tiene una extraña y casi mística forma de apartarse cuando alguien pronuncia ese compromiso definitivo. El escalador que contempla la montaña no se distrae con la altura, la distancia o la advertencia de que «nunca antes se ha hecho». Para él, esa es su montaña y solo hay dos desenlaces posibles: «Muy pronto me verán saludando desde la cima o muerto en la ladera, porque no voy a regresar». Pocas palabras poseen tanta carga como ese lapidario «lo haré». Benjamín Disraeli ya lo advirtió con agudeza: nada puede resistir a la voluntad humana cuando está dispuesta a apostar su propia existencia para alcanzar un propósito.

Abandonar es una derrota instantánea. La vida no somete las pérdidas a votación: si lo dejas, pierdes en el acto. Rige aquí una ley inexorable e inflexible: todo lo que no usas, lo pierdes. La ambición sin uso decae; los sentimientos profundos no ejercitados disminuyen; la fe en reposo se atrofia.

¿Cuánto tiempo debería intentar un bebé aprender a caminar antes de darse por vencido? Cualquier madre sensata respondería: «¿Estás loco? Mi bebé seguirá intentándolo hasta que aprenda». Esa es la fórmula mágica. La acción es el único puente real entre lo que sentimos y lo que obtenemos. Llega un día decisivo en el que la dignidad se rebela y la persona exclama, con rabia contenida: «Ya he tenido suficiente».

Ese momento puede no ser el fin, sino el verdadero comienzo. Tener suficiente de la mediocridad, del engaño y del papel de víctima. Es ese nudo en el estómago del hombre enfermo por dentro cuando ve a su esposa en el supermercado comparando dos latas de frijoles —una de 37 centavos y otra de 39— para optar por la de 37 centavos, una marca que ni siquiera le gusta, solo para ahorrar dos míseros centavos. La náusea interior explota: «Ya he tenido suficiente de estar de rodillas en el polvo buscando monedas. No vamos a vivir así nunca más».

Para que los deseos no sean simples fantasías, deben respaldarse con un plan de acción a su altura. Quizá no puedas hacer todo lo que descubras, pero tienes la obligación de descubrir todo lo que eres capaz de hacer. Como enseñó el maestro por excelencia: no se limiten a escuchar; sean hacedores. La fe sin acción no es más que un adorno inútil.

En la próxima entrega: analizaremos el peligro mortal de las «afirmaciones sin disciplina» y desplegaremos las cuatro preguntas de reflexión que tienen el poder de reestructurar por completo tus metas y tu perspectiva del futuro.

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