Por Fidel Soto Castro
(Entre la evidencia histórica y la negación)


I. EL PUNTO DE PARTIDA: LA NEGACIÓN INTERESADA
La caracterización de los acontecimientos ocurridos en el puente Duarte entre los días 25, 26 y 27 de abril de 1965 constituye uno de los puntos más controvertidos en la interpretación de la Revolución de Abril. En el centro de esta polémica se encuentra la postura del general Ramiro Matos González, quien ha sostenido que en dicho escenario no tuvo lugar batalla alguna, sino acciones menores carentes de significación militar.
En su intervención en el Seminario Guerra de Abril. Inevitabilidad de la historia (2002), Matos González afirmó no saber “a cuál batalla” se hace referencia, reduciendo los hechos a la acción de una “pequeña unidad” y a una “refriega” ocurrida el 26 de abril¹. Para sustentar su argumento, apeló a definiciones clásicas de “batalla” extraídas de diccionarios militares, restringiendo el término a enfrentamientos convencionales en campo abierto.
Sin embargo, este enfoque resulta limitado y metodológicamente cuestionable. La guerra de abril no fue una guerra convencional, sino un conflicto urbano, irregular y profundamente atravesado por la participación popular.
II. LA EVIDENCIA DOCUMENTAL Y TESTIMONIAL
Las fuentes contemporáneas y los estudios historiográficos ofrecen una visión distinta.
El periodista Tad Szulc describe una lucha sostenida por el control del puente Duarte, en la que las fuerzas de Elías Wessin y Wessin, apoyadas por blindados, intentaron penetrar la ciudad y fueron contenidas por fuerzas constitucionalistas y civiles armados con fusiles y cócteles Molotov².
En la misma línea, el historiador Piero Gleijeses, en La esperanza desgarrada, documenta el avance inicial de las tropas de San Isidro y su posterior repliegue ante la resistencia popular³. Por su parte, Jerome Slater, en La intervención americana, destaca la participación masiva de la población civil y describe la neutralización, captura y reutilización de vehículos blindados por los combatientes constitucionalistas⁴.
Uno de los testimonios más reveladores es el del periodista francés Marcel Niedergang, citado por Gregorio Selser. Su crónica recoge la consigna que marcó el momento decisivo: “¡Todos al puente Duarte!”. A partir de ese llamado, miles de ciudadanos se movilizaron hacia el punto estratégico que definía el acceso a la ciudad.
Niedergang describe con precisión el desarrollo del enfrentamiento: los tanques avanzando, las barricadas improvisadas, los disparos, el fuego cruzado y la irrupción de una multitud que no se limitó a observar, sino que combatió.
La escena no corresponde a una escaramuza aislada, sino a un enfrentamiento sostenido, con intensidad creciente y resultado verificable.
III. NATURALEZA DEL ENFRENTAMIENTO: MÁS ALLÁ DE LA GUERRA CONVENCIONAL
El análisis de estos testimonios permite identificar elementos esenciales que definen el carácter de los hechos:
Existencia de un objetivo estratégico: el control del acceso a la ciudad a través del puente Duarte.
Participación de fuerzas organizadas (militares constitucionalistas) y contingentes civiles.
Uso de armamento diverso, desde tanques hasta armas ligeras y explosivos improvisados.
Desarrollo continuo de acciones de combate durante varios días.
Resultado militar concreto: el repliegue de las fuerzas de San Isidro.
En términos historiográficos, estos elementos son suficientes para calificar el episodio como una batalla, aunque no responda a los esquemas tradicionales de la guerra convencional.
IV. MEMORIA, HISTORIA Y RESPONSABILIDAD
La negación de estos hechos no puede interpretarse como una simple diferencia conceptual. Se inscribe en una disputa más amplia por la memoria histórica de la Revolución de Abril.
Reconocer la batalla del puente Duarte implica reconocer que el pueblo dominicano no fue un actor pasivo, sino un sujeto histórico activo, capaz de enfrentar y detener fuerzas superiores en armamento. Implica también inscribir este episodio en una secuencia mayor: el derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Bosch en 1963, la represión posterior y la intervención extranjera que condicionó el desenlace del conflicto.
Desde esta perspectiva, la responsabilidad del historiador —y de todo aquel que interviene en la construcción del relato histórico— es clara: someter sus interpretaciones al contraste con las fuentes. Las diferencias ideológicas son legítimas; la distorsión de los hechos, no.
Negar la batalla del puente Duarte es reducir la dimensión de un acontecimiento fundamental. Es, en última instancia, intentar despojar al pueblo dominicano de su protagonismo histórico.
V. CONCLUSIÓN: LOS HECHOS Y SU NOMBRE
La historia no se sostiene en negaciones, sino en evidencias.
Y las evidencias indican que, en el puente Duarte, entre el 25, 26 y el 27 de abril de 1965, hubo enfrentamientos continuos, resistencia organizada, participación masiva y un resultado militar concreto. En esencia, el pueblo combatió en desigualdad militar, pero con sobrada valentía. Resistió con honor. Y, sin lugar a dudas, hubo batalla y se logró la victoria.
Notas:
1- Secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas. Seminario Guerra de Abril. Inevitabilidad de la historia. Santo Domingo, 2002, pp. 168-169.
2- Tad Szulc. Testimonio sobre la Revolución de Abril, citado en diversas fuentes historiográficas.
3- Piero Gleijeses. La esperanza desgarrada.
4- Jerome Slater. La intervención americana.
Bibliografía:
Gleijeses, Piero. La esperanza desgarrada.
Selser, Gregorio. ¡Aquí Santo Domingo! La tercera guerra sucia.
Slater, Jerome. La intervención americana.
Szulc, Tad. Crónicas sobre la Revolución de Abril de 1965.
Secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas. Seminario Guerra de Abril. Inevitabilidad de la historia. Santo Domingo, 2002.


































