
En esta interesante entrega del programa "Doble Moral" se abordan diferentes aristas relacionadas con el clientelismo político dominicano, la corrupción, la mala suerte, la voluntad política, entre otros temas de gran relevancia.

https://www.youtube.com/live/I8HuifEBMFc?is=Pl7LghR2S5JmyWiu

Por Ángel Osiris Torres | Vértice crítico.
Sin dejar de reconocer la importancia de los demás tópicos tratados por los reputados maestros panelistas Noel De La Rosa, Álvaro Caamaño y Víctor Álvarez, quiero enfatizar tres de los temas abordados en esta nueva entrega del programa:
El clientelismo político, la corrupción y la voluntad política.
Sobre el clientelismo político
El clientelismo político en América Latina, y particularmente en la República Dominicana, es un fenómeno complejo que debe analizarse tomando en cuenta las realidades históricas, sociales y económicas de cada uno de nuestros países, tal como se plantea en esta nueva entrega del programa "Doble Moral".
Nuestros pueblos han heredado prácticas políticas que tienen sus raíces en estructuras de poder construidas desde la época colonial, donde la figura del caudillo y las relaciones de dependencia entre gobernantes y gobernados fueron creando, en muchos casos, una cultura política basada más en favores personales que en el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos.
Con el paso del tiempo, estas prácticas se han mantenido y transformado, convirtiéndose en una de las expresiones más visibles del clientelismo político.
Comparto el criterio del maestro Álvaro Caamaño en la descripción que hace sobre la realidad de los dirigentes políticos dominicanos y las aspiraciones personales de muchos militantes partidistas, en cuanto a que el clientelismo que se practica en nuestro país presiona a los partidos políticos y a los gobiernos a privilegiar compromisos políticos, lealtades personales o intereses particulares por encima de la preparación, la experiencia y la idoneidad necesarias para ocupar posiciones de responsabilidad pública.
El gran desafío de la democracia dominicana es superar esa cultura y avanzar hacia un modelo donde los cargos públicos sean ocupados por personas capacitadas, comprometidas con el bien común y seleccionadas por sus méritos, no únicamente por sus vínculos políticos, tal como lo plantean los maestros Noel De La Rosa, Víctor Álvarez y Álvaro Caamaño en esta interesante entrega.
Sobre la corrupción
No cabe duda de que los casos de corrupción y las denuncias surgidas durante los últimos gobiernos dominicanos constituyen temas que deben ser analizados con seriedad, responsabilidad y apego a la verdad.
Es importante mantener un principio fundamental: no es prudente acusar de corrupción a ningún funcionario sin pruebas suficientes ni elementos que sustenten esas afirmaciones. De igual manera, tampoco corresponde declarar la inocencia absoluta de nadie mientras no se hayan aclarado plenamente las dudas o los señalamientos existentes.
También se ha señalado en distintas ocasiones que algunos mandatarios han sido cuestionados públicamente por situaciones de corrupción ocurridas durante sus gobiernos o por actuaciones de funcionarios designados por ellos. Sin embargo, mientras no existan pruebas concluyentes y decisiones judiciales firmes, no corresponde afirmar culpabilidad ni complicidad.
Lo que sí puede analizarse es la responsabilidad política que tiene todo gobernante.
Actualmente existen diversos procesos judiciales relacionados con supuestos actos de corrupción que se encuentran en distintas etapas. En algunos de ellos podría surgir el debate sobre la participación de altos funcionarios o incluso sobre la posibilidad de que la defensa solicite escuchar las explicaciones de determinadas autoridades.
La pregunta que queda abierta es: ¿hasta dónde llega la responsabilidad política y cuál debe ser el papel de la justicia en estos escenarios?
Por otra parte, surgen algunas preguntas legítimas:
– ¿Por qué, en determinados casos, el Ministerio Público no cita a rendir explicaciones a funcionarios de alto nivel o incluso a mandatarios cuando sus nombres aparecen mencionados en investigaciones o debates públicos?
– ¿Por qué en algunos países se han producido interrogatorios o comparecencias de altas autoridades, mientras que en otros estos procesos generan mayores debates institucionales?
– ¿Tenemos realmente un sistema de justicia capaz de exigir explicaciones a todos los niveles del poder político cuando sea necesario, tal como ocurre en Perú, Ecuador, España, Bolivia y otras naciones?
Sobre la voluntad política
Cuando en el programa "Doble Moral" se aborda este fenómeno y se plantea que hace falta voluntad política para poner fin al clientelismo político dominicano, surgen algunas interrogantes importantes:
¿De quién debe provenir esa voluntad política? ¿Solamente del presidente de la República o también de los partidos políticos, sus dirigentes, sus estructuras internas y sus militantes, quienes, en muchos casos, contribuyen a mantener y reproducir estas prácticas?
Porque el clientelismo no es responsabilidad exclusiva de una sola persona; es un sistema que involucra estructuras partidarias, aspiraciones individuales y una cultura política que debe ser transformada.
Un presidente tiene una responsabilidad política porque es quien designa a sus funcionarios, establece la orientación de su gobierno y debe garantizar mecanismos adecuados de supervisión, transparencia y control.
Cuando una persona escogida para ejercer una función pública resulta involucrada en situaciones cuestionables, corresponde evaluar la responsabilidad política del mandatario respecto de la selección realizada y de la respuesta institucional ofrecida.
Por eso, considero que no se trata solamente de un asunto de mala suerte. La política también implica capacidad de selección, evaluación y vigilancia de quienes reciben la confianza para administrar recursos públicos y ejercer funciones de responsabilidad.
La verdadera responsabilidad política frente al clientelismo debe ser asumida por todos los actores: gobernantes, partidos políticos, dirigentes, organizaciones sociales y ciudadanos.
Solo así podremos construir instituciones más fuertes y una democracia basada en la transparencia, la justicia y la confianza pública.
Al final, la gran interrogante que queda planteada es:
¿El clientelismo político dominicano es simplemente una consecuencia de nuestra historia y una mala suerte heredada, o representa una responsabilidad política que debemos asumir y transformar como sociedad?





































