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Minab, sur de Irán: Línea de fuego

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Por Luís Rodríguez desde la redacción y servicios internacionales de VC.

Irán. Una escuela primaria de niñas convertida en cráter. Pupitres bajo el polvo, mochilas enterradas, una pizarra astillada. En Minab, provincia de Hormozgan, al menos 51 personas murieron y otras 60 resultaron heridas tras un bombardeo atribuido a fuerzas estadounidenses e israelíes, según autoridades locales. La cifra es provisional. Bajo los escombros aún se buscan cuerpos y, quizás, sobrevivientes.

Mohammad Radmehr, funcionario administrativo de la ciudad, confirmó que los equipos de rescate continúan removiendo restos del edificio. La agencia iraní ISNA habla de decenas de estudiantes atrapadas. Algunas fueron extraídas con vida. Otras no.

Un hospital cercano sufrió daños parciales. En Teherán, en el distrito de Narmak, dos estudiantes fallecieron en episodios vinculados a la misma ofensiva, de acuerdo con la agencia Mehr. La operación militar, iniciada la mañana del sábado por Washington y Tel Aviv contra varias provincias iraníes, agrava una escalada que ya desborda la lógica de la disuasión y se inscribe en la del enfrentamiento directo.

El término “objetivo” pierde su neutralidad técnica cuando la explosión ocurre en una escuela. El lenguaje militar (cirugía, precisión, neutralización), choca contra la evidencia del aula destruida. El derecho internacional humanitario establece protecciones claras para instalaciones civiles, especialmente centros educativos y sanitarios. La pregunta, ahora, no es solo cuántas víctimas más saldrán de los escombros, sino qué legitimidad sostiene una operación cuya onda expansiva alcanza niñas y hospitales.

Washington y Tel Aviv no han emitido hasta el cierre un balance propio ni detalles sobre los blancos alcanzados. En Teherán, el Gobierno promete respuesta. La región, acostumbrada a vivir al borde del abismo, contempla un nuevo peldaño hacia la confrontación abierta.

Mientras tanto, en Minab, la prioridad es menos geopolítica y más elemental: retirar piedras, escuchar golpes bajo el concreto, nombrar a las muertas. En tiempos de guerra, la escuela debería ser refugio. Cuando deja de serlo, algo esencial se fractura. Y no hay comunicado oficial capaz de recomponerlo.

 

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