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SFM ENSAYA UNA NUEVA RUTA PROGRESISTA: CONSTRUIR PRIMERO LA FUERZA Y HACER DE LA UNIDAD UN PROCESO.

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Participantes del debate en San Francisco de Macorís | Foto fuente externa.
Participantes del debate en San Francisco de Macorís | Foto fuente externa.

El acuerdo en construcción surgido del encuentro de San Francisco de Macorís propone articular militantes, movimientos, colectivos y ciudadanía independiente desde los territorios, crear una coordinación provisional y comenzar desde ahora una acumulación política con horizonte en 2028.

Por José Espinal Marcelo & Luís Rodríguez | Vértice Crítico.

San Francisco de Macorís, República Dominicana. No esperar a que toda la izquierda y los sectores progresistas alcancen una unidad perfecta para comenzar a construir. Avanzar con quienes estén dispuestos a hacerlo, abrir las puertas a nuevas incorporaciones y convertir la dispersión política y social existente en una fuerza organizada con presencia nacional.

Esa es una de las principales definiciones del acuerdo todavía en proceso surgido del encuentro celebrado en San Francisco de Macorís (SFM), donde participantes de diferentes experiencias políticas y sociales discutieron una posible ruta de articulación progresista con un horizonte concreto, 2028.

La fórmula que resume el planteamiento es directa: "Flexibilizar la táctica para construir la estrategia".

Detrás de esas palabras existe una lectura crítica sobre una dificultad histórica de los sectores progresistas y de la izquierda dominicana, la fragmentación.

El diagnóstico sostiene que en República Dominicana existe una reserva política, social y ciudadana considerablemente superior a la representada actualmente por las estructuras organizadas.

Militantes con décadas de experiencia, antiguos integrantes de organizaciones políticas, movimientos sociales, colectivos ciudadanos, dirigentes comunitarios, profesionales, activistas y personas que mantienen posiciones progresistas continúan interviniendo en distintos ámbitos, pero una parte importante lo hace de manera dispersa.

El problema, por tanto, no sería únicamente la inexistencia de fuerzas.

El problema sería su dispersión.

Y el desafío que emerge de SFM consiste precisamente en transformar esa reserva fragmentada en capacidad política.

Una apuesta diferente sobre la unidad

Uno de los elementos políticamente más relevantes de la propuesta es su concepción de la unidad.

La iniciativa no pretende establecer como requisito inicial que todos los participantes compartan idéntica procedencia organizativa, cultura política, interpretación histórica o concepción táctica.

Cada organización, movimiento o colectivo podrá conservar su identidad y trayectoria mientras participa de un espacio común destinado a descubrir coincidencias, desarrollar iniciativas y construir progresivamente mayores niveles de coordinación.

La unidad deja así de concebirse exclusivamente como un gran acuerdo previo entre organizaciones y comienza a entenderse como un proceso de construcción política.

La diferencia no es menor.

Durante décadas, numerosos proyectos unitarios de la izquierda y del progresismo latinoamericano han enfrentado tensiones entre identidad y amplitud, principios y alianzas, organización y participación electoral.

Proponentes de Santo Domingo y San Francisco de Macorís | Foto fuente externa.
Proponentes de Santo Domingo y San Francisco de Macorís | Foto fuente externa.

La fórmula discutida en San Francisco de Macorís intenta responder a esa contradicción mediante un criterio pragmático, comenzar por aquello que permita trabajar juntos y dejar que la experiencia compartida determine hasta dónde puede avanzar la convergencia.

Las puertas, según el documento, permanecerán abiertas.

Construir con quienes quieran construir

La propuesta tampoco plantea esperar indefinidamente por sectores que todavía no estén preparados para integrarse.

Quienes tengan disposición para avanzar podrán comenzar el proceso, mientras se mantienen abiertas las condiciones para futuras incorporaciones.

La orientación podría resumirse en otro principio, construir con quienes estén dispuestos a construir, sin convertir las diferencias existentes en un mecanismo permanente de inmovilización.

Esto implica reconocer a las organizaciones históricas de izquierda y otras expresiones progresistas como potenciales participantes de una convergencia mayor, pero sin supeditar el inicio del proceso a un acuerdo inmediato con todas ellas.

La efectividad de esa fórmula dependerá de una cuestión decisiva: si la flexibilidad consigue ampliar realmente la participación sin diluir las definiciones políticas fundamentales que otorguen identidad al proyecto.

Ese será uno de sus primeros desafíos.

De la dispersión a la acumulación

La propuesta de SFM introduce otro concepto central: acumulación política.

No se trata únicamente de incorporar organizaciones.

Acumular significa sumar militantes, ciudadanos, liderazgos comunitarios, experiencias políticas, movimientos sociales, capacidades profesionales, territorios, propuestas, mecanismos de comunicación y vínculos con sectores concretos de la sociedad.

Bajo esa perspectiva, personas que abandonaron estructuras partidarias pero no sus convicciones políticas podrían encontrar un nuevo espacio para intervenir colectivamente.

También podrían hacerlo ciudadanos que nunca han pertenecido a partidos, pero que participan en luchas comunitarias, ambientales, sociales, gremiales, culturales o territoriales.

El propósito declarado es evitar que experiencias y capacidades políticamente útiles continúen aisladas.

SFM como laboratorio político

San Francisco de Macorís podría convertirse en uno de los primeros escenarios de experimentación de esta estrategia.

La propuesta discutida plantea desarrollar allí una articulación municipal progresista, alternativa, popular y ciudadana vinculada con los problemas concretos de la población.

La importancia de este método radica en que la eventual estructura nacional no sería levantada únicamente mediante acuerdos entre dirigentes.

La construcción territorial pretende preceder y alimentar la articulación nacional.

Santiago, Santo Domingo, San Pedro de Macorís y otros municipios y provincias aparecen como posibles escenarios para reproducir experiencias semejantes.

Cada territorio tendría que identificar sus problemas prioritarios, actores sociales, liderazgos, organizaciones existentes, posibilidades de movilización y formas particulares de participación ciudadana.

La articulación nacional surgiría, por tanto, de la combinación entre coordinación política y acumulación territorial.

2028: elecciones, pero no solamente elecciones.

El proceso tiene un horizonte electoral definido.

Las elecciones de 2028 forman parte explícita del cálculo político.

Pero el documento intenta establecer una diferencia entre construir una fuerza política y organizar simplemente una plataforma electoral.

Las candidaturas, alianzas y acuerdos electorales deberían servir para ampliar representación, incorporar ciudadanía, fortalecer estructuras y aumentar la capacidad política acumulada.

Eso obliga también a revisar experiencias anteriores.

Los participantes plantean estudiar críticamente los procesos electorales precedentes para identificar errores y aprendizajes relacionados con selección de candidaturas, políticas de alianzas, financiamiento, comunicación, organización territorial y capacidad de convocatoria.

El propósito sería evitar que 2028 encuentre nuevamente a los sectores alternativos negociando candidaturas y alianzas sin disponer previamente de una fuerza social y territorial suficiente.

La propuesta invierte esa secuencia:

primero acumular; después competir desde una posición política más sólida.

Una fuerza con vocación de gobierno

Otro elemento significativo es que la iniciativa no se limita a proclamar una función testimonial.

El acuerdo plantea contribuir a construir una fuerza progresista, democrática, ciudadana y popular de dimensión nacional, capaz de disputar democráticamente representación política y gobierno.

Esto supone abandonar cualquier comodidad asociada a la condición de minoría permanente.

Una organización con vocación de gobierno necesita programa, liderazgo, implantación territorial, recursos, comunicación, estructura electoral y capacidad para conectar sus propuestas con las preocupaciones cotidianas de sectores sociales mucho más amplios que su militancia tradicional.

El desafío consiste en transformar principios políticos en una opción comprensible y creíble para ciudadanos que actualmente no se identifican con ninguna organización progresista.

Una coordinación provisional.

Para evitar que el encuentro quede reducido a una declaración de intenciones, se propone constituir una coordinación provisional representativa de los espacios participantes.

Entre sus responsabilidades iniciales estarían mantener la comunicación, promover nuevos encuentros territoriales, ampliar la convocatoria, sistematizar las propuestas, identificar acciones comunes y comenzar a organizar una agenda política hacia 2028.

También tendría la responsabilidad de establecer mecanismos para incorporar nuevos colectivos y ciudadanos.

Su naturaleza sería provisional y abierta.

No pretende constituirse desde el inicio en una dirección definitiva, sino facilitar el desarrollo de una etapa inicial hasta que los propios participantes puedan definir democráticamente una estructura organizativa.

El desafío de recuperar confianza

Pero ninguna arquitectura organizativa resolverá por sí misma el problema fundamental.

Una nueva articulación progresista tendrá que responder una pregunta mucho más difícil: ¿por qué un ciudadano que se ha distanciado de la política debería incorporarse a este proyecto?

La respuesta no podrá descansar exclusivamente en referencias históricas, identidades ideológicas o críticas a los partidos tradicionales.

Tendrá que expresarse en propuestas concretas sobre empleo, salarios, costo de vida, servicios públicos, seguridad social, educación, salud, vivienda, medioambiente, institucionalidad democrática, desarrollo territorial y oportunidades para las nuevas generaciones.

También necesitará demostrar mediante su práctica que representa una manera diferente de ejercer la política.

El documento reconoce esa necesidad al proponer una relación más directa con los problemas ciudadanos y una participación abierta a personas provenientes de experiencias diversas.

El verdadero examen comienza después de SFM

El encuentro de San Francisco de Macorís puede convertirse en un punto de inflexión o terminar formando parte de la extensa historia de intentos unitarios que no consiguieron trascender reuniones, documentos y declaraciones.

La diferencia dependerá de lo que ocurra después.

La primera prueba será ampliar la convocatoria.

La segunda, construir estructuras territoriales.

La tercera, convertir las coincidencias generales en un programa político.

Y quizás la más difícil será desarrollar mecanismos democráticos capaces de administrar diferencias, liderazgos y aspiraciones sin reproducir las fragmentaciones que precisamente se pretende superar.

La propuesta contiene, sin embargo, una modificación relevante del punto de partida.

No plantea esperar la unidad para construir.

Propone construir para hacer posible la unidad.

Del encuentro al poder democrático

El acuerdo en proceso establece una secuencia política de largo alcance: convertir inicialmente las coincidencias en espacio común; transformar posteriormente ese espacio en organización; y hacer de esa organización una fuerza nacional con capacidad de disputar representación, gobierno y poder democrático.

2028 aparece en el horizonte, pero el reloj político ya comenzó a correr.

El éxito del proyecto no podrá medirse por la cantidad de organizaciones que aparezcan en una fotografía ni por el número de firmas colocadas debajo de un documento.

Se medirá por su capacidad para incorporar ciudadanía, establecer presencia territorial, generar liderazgos, producir propuestas, organizar políticamente el descontento y recuperar la confianza de sectores que hoy permanecen fuera de las estructuras partidarias.

Ese es el significado más profundo de la fórmula surgida de San Francisco de Macorís:

Flexibilizar la táctica para construir la estrategia.

No como una renuncia a los principios, sino como una apuesta por convertir principios, experiencia dispersa y voluntad política en fuerza organizada.

El desafío hacia 2028 ya no sería únicamente conseguir la unidad.

Sería construir una alternativa con suficiente fuerza social, política y territorial para que esa unidad tenga algo real que representar.

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