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PSICOLOGÍA | SER REFUGIO, NO SOLO PROVEEDOR: LO QUE LA CIENCIA DEL APEGO ENSEÑA SOBRE EL AMOR ENTRE PADRES E HIJOS.

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Maestro Víctor Castillo, psicólogo.
Maestro Víctor Castillo, psicólogo.

ENTREGA 1. LAS DOS MADRES DE HARLOW

Víctor Castillo (Charín) | Psicólogo | Vértice Crítico. 

Durante buena parte del siglo XX se creyó que querer a un hijo era, sobre todo, cubrir sus necesidades: alimentarlo, vestirlo, educarlo y disciplinarlo sin malcriarlo con mimos. Muchos padres criaron así, con enorme sacrificio. Hoy, muchos de ellos no entienden por qué sus hijos adultos se han alejado, y muchos hijos que saben todo lo que se hizo por ellos no logran explicar por qué les pesa volver a casa.

Este trabajo consta de seis entregas. En ellas recorreremos los experimentos que, durante setenta años, han mostrado qué une de verdad a dos personas. Al final, en la sexta entrega, encontrarás la conclusión general y la idea que lo une todo.

Empezamos en 1958, en la Universidad de Wisconsin. El psicólogo Harry Harlow criaba monos rhesus separados de sus madres al nacer, para protegerlos de infecciones. Estaban sanos y bien alimentados, pero algo fallaba. Las crías se aferraban a los paños de tela del suelo de la jaula y, cuando se los quitaban para lavarlos, entraban en crisis de angustia.

Harlow se preguntó qué elegiría una cría si tuviera que escoger entre lo que la alimenta y lo que puede abrazar. Para averiguarlo, construyó dos madres artificiales. Una era de alambre y tenía un biberón con leche caliente. La otra era de madera cubierta de goma blanda y tela de toalla, y no daba comida. Las crías podían ir libremente con cualquiera de las dos.

El resultado fue contundente. Sin importar cuál tuviera la leche, las crías pasaban entre 15 y 17 horas al día abrazadas a la madre de trapo y menos de hora y media con la de alambre. Iban al alambre, comían y regresaban al trapo. Cuando Harlow introdujo un juguete ruidoso que las asustaba, corrían al trapo, no a quien las alimentaba. Allí se calmaban y, ya más tranquilas, se atrevían a mirar el objeto e incluso a acercarse. Sin la madre de trapo, en una habitación desconocida, se quedaban paralizadas, hechas un ovillo.

En su discurso «La naturaleza del amor», Harlow concluyó que el consuelo del contacto tenía una importancia abrumadora y la lactancia, una importancia insignificante. Aquellos experimentos fueron crueles y hoy no se permitirían, pero su enseñanza es clara: cubrir las necesidades de alguien y ser su refugio son cosas distintas, y el vínculo verdadero nace solo de lo segundo.

En la próxima entrega: el manual de crianza de John Watson, que enseñó a toda una generación a criar sin abrazos, y por qué estaba equivocado.

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