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El Jaime Mota, al límite: ADESA sitúa la crisis en una atención primaria que no contiene la demanda.

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La organización advierte que el deterioro del hospital regional de Barahona no puede explicarse únicamente por sus carencias internas. José López, coordinador provincial de ADESA, apunta hacia un problema más profundo: unas unidades de atención primaria debilitadas que terminan trasladando al gran hospital del Suroeste una presión asistencial que debería resolverse en las comunidades.

Por Luís Rodríguez | Vértice Crítico. 

Barahona. La crisis tiene un rostro visible, el Hospital Regional Docente Universitario Jaime Mota. Pero, para la Alianza por el Derecho a la Salud (ADESA), sus raíces están mucho más lejos de sus pasillos, emergencias y consultorios. Están dispersas por los territorios del Suroeste dominicano, allí donde un primer nivel de atención debilitado no logra contener una demanda sanitaria que termina desembocando en el principal centro hospitalario de la región Enriquillo.

José López, periodista y coordinador provincial de ADESA, sostiene que las dificultades que atraviesa el Jaime Mota no constituyen un episodio aislado ni una coyuntura inesperada. A su juicio, son la consecuencia previsible de deficiencias estructurales que la organización viene señalando desde hace años.

“Desde hace tiempo advertimos que podía producirse una crisis sanitaria porque el primer nivel de atención no está gestionando la salud en los territorios como corresponde”, afirmó López.

La ecuación resulta particularmente delicada por la dimensión territorial del hospital. El Jaime Mota funciona como centro regional y docente universitario para una población estimada en 400,000 habitantes de Barahona, Bahoruco, Independencia y Pedernales.

Cuando las Unidades de Atención Primaria (UNAP), no disponen de capacidad suficiente para prevenir, diagnosticar, acompañar y resolver los problemas sanitarios básicos, una parte considerable de esa población termina buscando respuestas en el hospital regional. El resultado es una estructura especializada obligada a absorber demandas que, en un sistema articulado, deberían ser atendidas antes de alcanzar ese nivel.

Un hospital que recibe las fallas de toda la red

ADESA comparte las preocupaciones planteadas recientemente por el médico Rafael Sánchez Shanlatte respecto a las condiciones del Jaime Mota, pero introduce un elemento que amplía el diagnóstico: mirar exclusivamente hacia el hospital puede ocultar la dimensión sistémica del problema.

Para López, la saturación hospitalaria comienza mucho antes de que un paciente llegue a emergencia.

Una atención primaria robusta debería convertirse en la primera puerta efectiva del sistema: prevención, seguimiento de enfermedades crónicas, detección temprana, atención familiar y referencia oportuna hacia especialistas. Cuando ese engranaje funciona de manera precaria, el hospital termina convertido en respuesta para casi todo.

Según estudios citados por ADESA, numerosas UNAP carecen de médicos familiares permanentes y una parte importante de la asistencia descansa sobre médicos pasantes. Para la organización, esta realidad limita la continuidad del seguimiento sanitario en las comunidades y debilita la capacidad preventiva de la red pública.

La consecuencia puede medirse no solamente en consultas adicionales, sino también en enfermedades que llegan a niveles de mayor complejidad antes de recibir una respuesta adecuada.

La paradoja de atender tarde

El planteamiento de ADESA toca uno de los puntos sensibles de cualquier sistema sanitario: resulta más costoso —en recursos, infraestructura y sufrimiento humano—, atender una enfermedad complicada que prevenirla o controlarla desde sus primeras manifestaciones.

En ese sentido, López considera que fortalecer las UNAP permitiría reducir la demanda innecesaria de servicios especializados y descongestionar el Jaime Mota, reservando su capacidad técnica para los casos que realmente requieren atención hospitalaria de mayor complejidad.

La discusión, por tanto, trasciende la disponibilidad de camas, médicos o equipos dentro del hospital. Lo que está bajo cuestionamiento es la capacidad de la red pública para distribuir racionalmente la atención entre sus distintos niveles.

Para ADESA, la respuesta no puede limitarse a administrar la emergencia. Requiere que las autoridades sanitarias intervengan sobre las causas estructurales que están provocando la sobrecarga y garanticen una articulación efectiva entre las unidades comunitarias y los centros especializados.

El Suroeste reclama respuestas

La controversia alrededor del Jaime Mota ocurre mientras distintos sectores denuncian limitaciones operativas en el hospital y alertan sobre sus consecuencias para pacientes de las cuatro provincias del Suroeste profundo.

ADESA entiende que ese escenario demanda tanto respuestas institucionales como participación ciudadana. López llamó a los habitantes de Barahona, Bahoruco, Independencia y Pedernales a respaldar las iniciativas orientadas a mejorar los servicios públicos de salud y exigir una atención sanitaria acorde con las necesidades de la región.

Detrás de la crisis del Jaime Mota aparece así una pregunta preocupante: ¿qué ocurre con un hospital regional cuando la primera puerta del sistema sanitario deja de funcionar como verdadero filtro y espacio de prevención?

Para ADESA, la respuesta ya está ocurriendo en Barahona: el hospital termina recibiendo no solo pacientes, sino también las debilidades acumuladas de toda la red.

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