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Los ciclos que elegimos cerrar.

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"La vida no se trata de acumular responsabilidades, sino de acumular afectos."

Por José Espinal Marcelo | Vértice crítico. 

José Espinal Marcelo
José Espinal Marcelo

Hace nueve años escribí una carta que pocos entendieron. En ella anunciaba que no volvería a ser candidato a la Asociación de Empleados Universitarios (ASODEMU). No había perdido una elección, no estaba derrotado ni me habían cerrado las puertas. Simplemente entendí que había llegado el momento de cerrar un ciclo.

Con los años he descubierto que saber irse también es una forma de madurez.

Vivimos en una cultura que nos enseña a permanecer. Nos aferramos a los cargos, a las responsabilidades, a los espacios que un día conquistamos. A veces confundimos el compromiso con la permanencia y terminamos creyendo que, si dejamos un lugar, dejamos también de ser útiles.

La vida me demostró lo contrario.

Aquella decisión me regaló tiempo para estudiar, para asumir nuevos retos profesionales, para impulsar proyectos sociales, para escribir, para crear, producir y para mirar con más calma todo aquello que antes pasaba de largo. Pero, sobre todo, me permitió volver a encontrarme con la gente sin el peso de una candidatura, sin cálculos, sin campañas y sin la necesidad de convencer a nadie.

Fue entonces cuando entendí que las mejores conversaciones no ocurren en una mesa de dirección, sino en un pasillo, compartiendo un café, escuchando a alguien que solo necesita ser escuchado.

Aprendí que la solidaridad casi nunca hace escándalos. Vive en los gestos pequeños, en  preguntar cómo está un compañero, acompañar un duelo, celebrar los logros ajenos, tender una mano sin esperar reconocimiento. Es ahí donde realmente se mide la estatura humana.

Con el tiempo también comprendí que la vida no se trata de acumular responsabilidades, sino de acumular afectos. Porque al final nadie nos recuerda por la cantidad de cargos que ocupamos, sino por la forma en que tratamos a las personas cuando tuvimos la oportunidad de hacerlo.

Hoy miro hacia atrás y no siento nostalgia. Siento gratitud.

Gratitud porque cerrar aquel ciclo abrió otros que jamás imaginé. Porque confirmé que uno puede seguir sirviendo sin ocupar el primer asiento. Porque descubrí que el verdadero liderazgo no necesita una boleta electoral; necesita coherencia, sensibilidad y la capacidad de permanecer cerca de la gente.

Si algo quisiera compartir este domingo es una invitación sencilla: no tengamos miedo de cerrar etapas. La vida no siempre nos pide resistir; a veces nos pide soltar. Y cuando aprendemos a hacerlo sin amargura, sin resentimientos y sin mirar atrás, descubrimos que siempre hay un camino nuevo esperándonos.

Quizás el mayor éxito no sea permanecer donde todos nos ven, sino caminar donde podemos seguir siendo simplemente humanos.

Feliz domingo.

Carta de renuncia a la carrera sindical,  julio 2017
Carta de renuncia a la carrera sindical, julio 2017

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