Home Actualidad LA HISTORIA NO ES ENSAYO, ES MATERIALIZACIÓN INEXORABLE DE LA DIALÉCTICA.

LA HISTORIA NO ES ENSAYO, ES MATERIALIZACIÓN INEXORABLE DE LA DIALÉCTICA.

8
0

Por Héctor Hernández | Vértice Crítico. 

Existen acontecimientos en la historia cuyo impacto sigue modelando y marcando el pensamiento y el accionar de generaciones posteriores. La Revolución Socialista Rusa es uno de esos episodios. No importa en qué sentido sea percibido ese impacto, si en el sentido de su aceptación o en el sentido negacionista. Por las condiciones internas únicas y excepcionales en las que tuvo lugar esa revolución, abundan las muestras en este último sentido, y aquí referimos dos de ellas; una corresponde a Manuel Almonte y la otra a Luis Gómez Pérez:

«Al socialismo se llega en la medida en que las relaciones de producción capitalista se desarrollan a tal nivel que… Entonces, con la presión de la clase obrera y su partido, dar el paso al socialismo. Pero eso no pasó; en Rusia, con Lenin y la NEP, quedó esto demostrado».

«Marx, en Contribución a la crítica de la economía política, plantea que un modo de producción no es cambiado hasta que se desarrollen todas sus potencialidades».

Fin de las dos citas.

Si hoy es posible precisar, con sentido práctico y en términos sencillos, la diferencia de contenido entre los sistemas capitalista y socialista, eso es gracias a la existencia, durante 72 años, de la Revolución Socialista Rusa, operando sistemática y consistentemente como alternativa frente al sistema capitalista, de la misma manera que la existencia, por 72 días, del gobierno de la Comuna de París dejó en Marx y Engels la fundamental enseñanza de que no bastaba con tomar la dirección del Estado, sino que había que transformarlo, enseñanza a partir de la cual operaron los comunistas rusos. ¿Cuál es esa diferencia?

Sistema capitalista → producción social → destino → la gran riqueza privada en manos de menos del 1 % de la sociedad → configuración de la sociedad por la gran riqueza privada en las sociedades donde ella se ha impuesto.

Sistema socialista → producción social → destino → la riqueza como herramienta de desarrollo social → configuración de la sociedad a partir de la riqueza producida y el uso colectivo dado a esta.

Aquí hay de por medio una cuestión de rigor científico: o el desarrollo de la historia es concebido como sujeto y moldeable por concepciones preexistentes —en este caso, las formuladas por Marx y recogidas por los marxistas M. Almonte y L. Gómez Pérez—, o es asimilado como el resultado de la dinámica activa de la dialéctica, dinámica que incluye la adaptación a ella de las preconcepciones y no a la inversa.

El alegato es que en Rusia el capitalismo no había alcanzado su plenitud de desarrollo para que «Entonces, con la presión de la clase obrera y su partido, dar el paso al socialismo». O que «Justamente por eso, porque en Rusia no se daban las condiciones adecuadas para mantener el socialismo, aun cuando los mencheviques lo plantearon».

Un dato que arroja luz sobre esta cuestión es el siguiente: ¿por qué Europa Occidental, con sus categorías capitalistas —incluido el individualismo en su máxima expresión—, no pudo alcanzar en el siglo XX su propósito central de someter a Rusia al pleno desarrollo y control capitalista?

La respuesta precisa es esta: porque chocó con el muro constituido por el tipo de vida comunitaria de que todavía disfrutaba el pueblo ruso —que para la época aún conservaba el carácter de masa mayoritariamente rural—, como herencia del sistema feudal, condición de vida que tiene que ser previamente destruida como requisito que allana el camino para el pleno desarrollo capitalista.

Fue lo que ocurrió en Europa Occidental y en América con la población previamente existente: en la primera, convirtiendo a la población en asalariada y, en la segunda, exterminando a la población originaria.

Agréguese a la realidad de la lucha de clases en el siglo XX la entrada del capitalismo en la fase imperialista —véase a Lenin—, con lo que pudo hacerse de la inmensa riqueza expoliada a los pueblos sojuzgados, lo que permitió a la burguesía sobornar económicamente a una buena parte de la cúpula del movimiento obrero —que veía en la revolución un evento meramente económico— y, con ello, pudo desactivar en esos sectores el interés por la revolución.

Estos hechos, junto a otros propios de las primeras décadas del siglo XX, fueron los que no solo mandaron al zafacón de la historia la tesis del triunfo simultáneo del socialismo en los países capitalistas desarrollados, sino que también abrieron en la historia las nuevas perspectivas de triunfo del socialismo por eslabones, en vez de en la cadena simultáneamente; concretamente, en el eslabón Rusia, independientemente de que, en su época, los mencheviques, Trotsky, la socialdemocracia, los obreristas —y hoy quienes se proclaman marxistas— no alcanzaron y no alcanzan a ver y entender esa nueva realidad, a pesar de la claridad con que fue dilucidada y planteada por los comunistas (bolcheviques) rusos.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here