
Por Luis F. Taveras | Politólogo | Vértice Crítico.

Las limitaciones en la lectura del ecosistema de interpretación tienen un alto componente de crisis del libro, que se agudiza con la entrada de la pandemia y se profundiza por la utilización más absurda de la inteligencia artificial, no teniendo como centro lo humano y estructurando un escenario de límites sensibles al conocimiento a través de la inobservancia del pensamiento crítico.
La reproducción con exactitud milimétrica de lo que se dice y se piensa sobre lo que existe ha dado lugar a la copia, introduciendo un peligroso camino de no agregarle valor a la existencia humana y, por tanto, viviendo una instantánea y letal continuidad lineal que no es como la vida misma.
Comprender lo que se lee es el elemento básico para comprender los entornos, reflexionar sobre ellos y cohesionar posibilidades en diversos y amplios márgenes que viabilicen la toma de decisiones acertadas y correctas.
Las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), no solo reflejan una preocupante y lacerante realidad sobre los estudiantes de hasta 15 años, sino que esta también se traslada a una sociedad adormecida y atribulada por la insensatez de la ignorancia y la mala información, generadoras de conocimientos móviles carentes de pensamientos largos…
Y todo eso es el comienzo de lo que pasa alrededor de la calidad en los ámbitos de lo público y lo privado, incluida la política, la gobernanza, la sociedad y la cultura.
Hay que modelar los cambios y redimensionarlos hacia el epicentro de toda acción: el ser humano, formando una ciudadanía apta para los tiempos y preparada para enfrentar retos y desafíos inéditos.







































