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Santiago: fiesta de libros, memoria en disputa.

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Por José Espinal Marcelo | Vértice critico.

Santiago de los Caballeros. Multitud, cifras redondas y un anuncio oficial que busca fijar titular. La Feria del Libro y la Cultura Cibao 2026 cerró con más de 100 mil visitantes y alrededor de 10 millones de pesos en ventas. En el acto final, la vicepresidenta Raquel Peña y el ministro Roberto Ángel Salcedo pusieron el sello institucional, destacando la cultura como política pública, y a Santiago como plaza permanente.

En la rueda prensa oficial se establecen 250 actividades, 11 pabellones, representación de las 14 provincias del Cibao, una agenda que mezcla literatura con música, cine y gastronomía. Una feria total, diseñada para exhibir vitalidad cultural y proyección territorial.

Poeta Enegildo Peña
Poeta Enegildo Peña

Pero en la ciudad corazón no impera el consenso. Desde el propio campo intelectual emergen grietas. El escritor, periodista y poeta Enegildo Peña cuestiona la proclamación de “primera feria regional”, recordando las ediciones de 1997 y 2005, las que según él, fueron más amplias, más integradas, más densas en producción editorial, y acusa al ministerio de cultura de un desconocimiento que roza la desmemoria cultural.

Escritor Máximo Vega
Escritor Máximo Vega

A esa línea crítica se suma el también escritor Máximo Vega, quien desde su cuenta de Facebook introduce una duda que resuena más allá de lo anecdótico: “¿Por qué esta Feria del Libro del Cibao es la ‘1ra.’ Feria?”. Vega no habla desde la distancia, formó parte del comité organizador de dos ediciones previas en la región Norte, donde (afirma), incluso fue reconocido por su trabajo. Su desconcierto es doble: por la etiqueta inaugural y por la omisión de una tradición que, según sostiene, precede ampliamente a la actual convocatoria.

El cuestionamiento es estructural; una política cultural que intenta inaugurar relato frente a una memoria intelectual que se resiste a ser borrada. Entre ambas, una feria que cumple su función de vitrina (afluencia, ventas, agenda), pero que también expone un problema más profundo, la fragilidad de la continuidad institucional en el campo cultural dominicano.

El cierre, con la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo bajo la dirección de Amaury Sánchez, ofreció la imagen de unidad que toda política cultural necesita. Sin embargo, fuera del escenario, la pregunta sigue abierta: ¿celebración o reinvención interesada? En Santiago, los libros circularon. La memoria, no tanto.

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