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EL PALACIO NACIONAL: ESCENARIO DE UNA SECUENCIA TRÁGICA EN DEFENSA DEL ORDEN CONSTITUCIONAL.

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Profesor Juan Bosch.
Profesor Juan Bosch.

Por Fidel Soto Castro

Fidel Soto (Foto externa)
Fidel Soto (Foto externa)

-En recordación y homenaje al diputado del PRD Manuel Álvarez (Manolín) y a todos los que han ofrendado sus vidas en esta larga lucha por la democracia en nuestro país –

El Palacio Nacional y sus alrededores han sido escenario de una serie de acontecimientos trágicos que no pueden ser comprendidos de manera aislada.

Todos ellos forman parte de una misma secuencia histórica, cuyo origen se encuentra en el golpe de Estado de 1963 en la República Dominicana, que interrumpió el orden democrático encabezado por Juan Bosch, así como en la posterior respuesta popular y militar que desembocó en la Revolución de Abril de 1965, orientada a restablecer la Constitución de 1963.

A partir de ese punto de quiebre, se desencadena una cadena de hechos en la que el pueblo dominicano, en distintas expresiones, enfrenta la ruptura del orden constitucional. En ellos parece cobrar vida el pensamiento de Juan Pablo Duarte:

“Por desesperada que sea la causa de mi patria, siempre será la causa del honor y siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre”.

El primero de estos acontecimientos ocurre el 26 de abril de 1965, cuando la Fuerza Aérea bombardea y ametralla el Palacio Nacional. En ese ataque muere el diputado Manuel Álvarez (Manolín), junto a otros ciudadanos y soldados que defendían el gobierno encabezado por el doctor Rafael Molina Ureña. Este hecho marca el inicio de una escalada de violencia en el centro mismo del poder político.

El segundo momento se produce el 19 de mayo de 1965, cuando el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez cae abatido mientras dirigía la Operación Lazo, bajo el fuego de las tropas interventoras. Junto a él mueren los combatientes del Movimiento Revolucionario 14 de Junio: Juan Miguel Román, Euclides Morillo, José Jiménez y Ramón Tavárez, así como el instructor de los hombres rana, Ilio Capozi, y el internacionalista haitiano Jean Satour, junto a otro de sus compañeros.

Este episodio refleja la intensidad del conflicto y la intervención extranjera en el mismo.

El tercer hecho ocurre el 27 de septiembre de 1965, cuando es asesinado el estudiante Pedro Tirado Calcagno en las inmediaciones del Palacio Nacional. Un disparo de fusil Máuser, realizado casi a quemarropa, le provoca la muerte, evidenciando la persistencia de la represión, aun después de los momentos más intensos de la confrontación armada.

El cuarto hecho ocurre el 9 de febrero de 1966, cuando una multitud de jóvenes se manifestaba en defensa de la educación popular y democrática, respaldando al Consejo Universitario Provisional de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y reclamando, además, la salida de la fuerza militar extranjera del territorio nacional, cuya presencia constituía una afrenta a la soberanía y una prolongación de la crisis iniciada en 1965. Lo que comenzó como una jornada de protesta pacífica terminó cubriendo de sangre las calles circundantes del Palacio Nacional, evidenciando que la represión no solo buscaba contener la protesta, sino también silenciar un reclamo legítimo de autodeterminación.

Este hecho, lejos de ser aislado, confirma la prolongación en el tiempo de una misma tensión: la lucha entre el poder constituido y la reivindicación del orden constitucional.

En conjunto, estos acontecimientos revelan que el Palacio Nacional no ha sido solo sede del poder político, sino también escenario de las más dramáticas expresiones del conflicto entre la legalidad democrática y su ruptura. Una realidad que confirma, como lo interpretó Juan Bosch, el carácter interrumpido y conflictivo de la historia política dominicana.

Y la razón es que allí, donde debía afirmarse la autoridad de la ley, terminó imponiéndose la fuerza; y donde el pueblo reclamó derechos, encontró balas. Esa es la marca de una historia que, lejos de cerrarse, sigue reclamando justicia, memoria y conciencia.

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