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Santiago redescubre su origen: Edwin Espinal reconstruye la ciudad que sobrevivió al terremoto y redefinió el Cibao.

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El historiador dominicano sostiene que la actual configuración urbana de Santiago nació de una combinación de planificación colonial, memoria documental y adaptación social, tras el devastador terremoto de 1562.

Historiador y académico Edwin Espinal Hernández | Foto José Armando Toribio.
Historiador y académico Edwin Espinal Hernández | Foto José Armando Toribio.

Por José Armando Toribio | Vértice crítico. 

Santiago de los Caballeros. La historia de Santiago de los Caballeros no comenzó donde hoy se levanta la ciudad. Su trazado, sus plazas y hasta la lógica de su expansión urbana fueron el resultado de una reconstrucción cuidadosamente planificada por la Corona española después de una de las mayores tragedias naturales registradas en la isla. Esa fue una de las principales conclusiones expuestas por el historiador y académico Edwin Espinal Hernández durante la conferencia magistral "Santiago en los siglos XVIII y XIX: revelaciones sobre su configuración urbana".

Vista parcial de la asistencia | Foto José Armando Toribio.
Vista parcial de la asistencia | Foto José Armando Toribio.

La actividad, celebrada en la Sala de Conferencias Dr. Carlos Dobal Márquez del Ateneo Amantes de la Luz, formó parte del programa de las Fiestas Patronales Santiago Apóstol 2026 y reunió a investigadores, estudiantes, gestores culturales y ciudadanos interesados en comprender la evolución histórica de una de las principales ciudades del Caribe.

Con un enfoque sustentado en documentación histórica, Espinal explicó que el terremoto del 2 de diciembre de 1562 destruyó gran parte de las edificaciones permanentes de la antigua ciudad, obligando a trasladar el asentamiento hacia un nuevo espacio que respondiera a criterios urbanísticos establecidos por la monarquía española.

El investigador señaló que la nueva ubicación fue seleccionada siguiendo las ordenanzas promulgadas por Carlos V y Felipe II, que recomendaban fundar las ciudades sobre terrenos elevados, protegidos de inundaciones y cercanos a fuentes permanentes de agua. En ese contexto, la proximidad del río Yaque del Norte y las condiciones topográficas del lugar ofrecieron las garantías necesarias para el crecimiento de la población.

Pero el nuevo Santiago no solo obedeció a una estrategia de seguridad territorial. También nació como un nodo de articulación regional. Espinal destacó que la ciudad se levantó sobre la convergencia de antiguos caminos indígenas que posteriormente fueron incorporados al sistema vial colonial, conectando el territorio con La Vega, Moca, Monte Cristi, Puerto Plata, la Línea Noroeste y la Sierra, consolidando a Santiago como un centro comercial y administrativo de enorme importancia para el desarrollo del Cibao.

La conferencia también permitió reconstruir el diseño original del espacio urbano. Según explicó el historiador, Santiago fue concebida mediante un plano reticular, organizado con calles paralelas y perpendiculares que respondían al modelo urbano hispánico. En ese esquema quedaron definidas tres plazas fundamentales: la Plaza de la Iglesia y del Convento, la Plaza de Armas —actual Parque Duarte— y la Plaza de San Antonio, ubicada frente a la antigua ermita del mismo nombre, espacios que estructuraron la vida política, religiosa y social de la ciudad colonial.

Uno de los momentos de mayor interés de la exposición estuvo dedicado al análisis de un informativo de títulos de 1705, considerado por Espinal como una fuente documental esencial para comprender la expansión territorial de Santiago. El documento fue elaborado cuando los religiosos del convento procuraban demostrar jurídicamente la propiedad de extensos terrenos comprendidos entre el recinto conventual y la zona conocida como Las Tres Cruces, luego de que desaparecieran los títulos originales.

Ante la inexistencia de esos documentos, la Real Audiencia autorizó un procedimiento basado en declaraciones de antiguos vecinos, cuyos testimonios permitieron acreditar la ocupación pacífica y continua de aquellas tierras durante generaciones, constituyendo uno de los ejemplos más reveladores del valor jurídico de la memoria comunitaria en la época colonial.

La investigación también arrojó luz sobre las formas de ocupación del suelo y las relaciones económicas de la sociedad santiaguera. Espinal explicó que numerosos habitantes edificaron sus viviendas con autorización del convento, pagando inicialmente como renta una gallina al año, una práctica que posteriormente evolucionó hacia pagos monetarios conforme aumentó el valor de los solares. En algunos casos, incluso, el canon era sustituido por huevos, reflejo de una economía donde el intercambio cotidiano convivía con las primeras formas de monetización de la propiedad urbana.

Más que una reconstrucción cronológica, la conferencia ofreció una lectura de Santiago como una ciudad moldeada por la interacción entre los desastres naturales, las decisiones políticas, la planificación urbana y las dinámicas sociales. La ponencia reafirmó el valor de la investigación histórica para comprender cómo se construyen las ciudades y cómo el pasado continúa definiendo la identidad de sus habitantes.

Con esta intervención, Edwin Espinal Hernández volvió a situar el patrimonio documental en el centro del debate sobre la memoria urbana, demostrando que conocer el origen de Santiago es también comprender las bases sobre las que se edificó una de las ciudades más influyentes de la historia dominicana.

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