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LAS DOS CARAS DEL CRECIMIENTO DOMINICANO: CIFRAS DE ÉXITO Y REALIDADES DE ATRASO.

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Exilio económico y remesas – Turismo y huida de capitales.

Fidel Soto (Foto externa)
Fidel Soto (Foto externa).

Por Fidel Soto | Vértice Crítico.

Las recientes reflexiones del economista e historiador dominicano Bernardo Vega invitan a examinar con mayor detenimiento una de las principales contradicciones de la República Dominicana actual. Mientras el discurso oficial destaca el crecimiento económico, el aumento del turismo, la estabilidad monetaria y el flujo de remesas, numerosos indicadores sociales continúan mostrando una realidad menos favorable y mucho más preocupante.

Con frecuencia se afirma que la economía dominicana es una de las que más crece en América Latina. Se exhiben cifras del producto interno bruto, se resaltan los récords alcanzados por el turismo y se presentan las remesas como evidencia de fortaleza económica. Sin embargo, estas estadísticas, aunque importantes, resultan insuficientes para medir el verdadero nivel de desarrollo de una sociedad.

La cuestión fundamental no es cuánto crece la economía, sino quiénes se benefician de ese crecimiento y de qué manera se refleja en la vida cotidiana de la población. El crecimiento económico puede coexistir con profundas desigualdades sociales, con servicios públicos deficientes y con oportunidades limitadas para amplios sectores de la ciudadanía. Cuando esto ocurre, el progreso que muestran las cifras no necesariamente se traduce en bienestar colectivo.

Uno de los aspectos señalados por Bernardo Vega es la transformación experimentada por la estructura económica nacional. La República Dominicana dejó de ser la economía sustentada principalmente en la producción y exportación de azúcar, café, cacao y tabaco. Hoy la actividad económica descansa cada vez más en los servicios, el turismo, las zonas francas, las remesas y las importaciones.

Este cambio plantea interrogantes que merecen ser discutidos. Un país que en el pasado fue productor de bienes agrícolas fundamentales ahora depende en gran medida de productos importados para satisfacer parte de su consumo. Tal realidad refleja una creciente dependencia externa y una disminución relativa de sectores productivos que durante décadas constituyeron pilares de la economía nacional.

El turismo merece una reflexión similar. Las autoridades suelen concentrarse en la cantidad de visitantes que ingresan al país cada año. Sin embargo, el dato verdaderamente relevante es cuánto valor genera esa actividad para la economía nacional y cómo se distribuyen sus beneficios. No basta con contabilizar turistas; es necesario evaluar el impacto real de esa riqueza sobre las comunidades, el empleo, los ingresos familiares y el desarrollo local.

Las remesas constituyen otro ejemplo de esta dualidad. Son presentadas como una señal de éxito económico, pero también pueden interpretarse como el resultado de una realidad menos favorable: la necesidad de cientos de miles de dominicanos de buscar en otros países las oportunidades que no encontraron en el suyo. Detrás de cada remesa existe una historia de emigración, separación familiar y búsqueda de mejores condiciones de vida.

Sin embargo, donde las contradicciones aparecen con mayor claridad es en los sectores de salud y educación.

En educación persisten profundas desigualdades sociales. El acceso a una formación de calidad continúa condicionado por la situación económica de las familias. Mientras los sectores de mayores ingresos cuentan con más posibilidades de acceder y concluir estudios superiores, los grupos más vulnerables enfrentan obstáculos que limitan su movilidad social. Como consecuencia, la educación, que debería ser el principal instrumento para reducir las desigualdades, termina reproduciendo muchas de ellas.

La situación de la salud pública resulta igualmente preocupante. Diversos estudios comparativos muestran que la inversión destinada al sector continúa siendo insuficiente en relación con las necesidades nacionales. Las limitaciones en infraestructura hospitalaria, equipamiento, personal médico y cobertura afectan especialmente a los sectores de menores ingresos. Los indicadores de mortalidad infantil y otros problemas asociados a la atención sanitaria revelan que el crecimiento económico no ha sido acompañado por una mejora proporcional de los servicios públicos esenciales.

Más preocupante aún es que estas deficiencias se producen en un contexto donde el país aspira a insertarse en actividades económicas de mayor complejidad tecnológica y competitividad internacional. Se habla con frecuencia de innovación, de industrias avanzadas y de nuevas oportunidades vinculadas a la economía del conocimiento. Sin embargo, ningún país puede aspirar a convertirse en una potencia tecnológica mientras mantenga rezagos significativos en educación, salud, investigación científica y formación de capital humano.

El verdadero desarrollo no puede medirse únicamente por el comportamiento de las variables macroeconómicas. Una nación progresa cuando disminuye la pobreza, cuando mejora la calidad de la educación, cuando fortalece su sistema de salud, cuando amplía las oportunidades para sus jóvenes y cuando crea las condiciones necesarias para que sus ciudadanos no tengan que emigrar en busca de un futuro mejor.

La República Dominicana ha experimentado importantes transformaciones económicas durante las últimas décadas. Negarlo sería desconocer una realidad evidente. Sin embargo, también sería un error confundir crecimiento con desarrollo. El crecimiento es un medio; el desarrollo es el objetivo. Y mientras persistan las profundas brechas sociales que afectan a millones de dominicanos, seguirá existiendo una distancia considerable entre las cifras que celebran los gobiernos y las realidades que enfrenta la población.

Por ello, más que conformarnos con los indicadores que suelen presentarse como símbolos de éxito, debemos preguntarnos si estamos construyendo una sociedad más justa, más educada, más saludable y con mayores oportunidades para todos. Esa es la discusión verdaderamente importante. Esa es la medida auténtica del progreso de una nación.

La nota del autor:

Resulta raro que un cuadro del sistema coincida en la descripción que ha hecho por años el movimiento de izquierda en el país.

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