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ENTREGA II: LAS ENSEÑANZAS DE MO GAWDAT SOBRE LA FELICIDAD.

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Víctor Castillo
Víctor Castillo

ENTREGA II: CÓMO PROCESAR EL DOLOR CUANDO LA BALANZA SE DESEQUILIBRA

Víctor Castillo (Charin) | Psicólogo | Vértice Crítico.

En la entrega anterior vimos que la felicidad es como una balanza entre lo que esperamos y lo que realmente ocurre, y conocimos los tres filtros de Mo Gawdat para saber qué hacer cuando esa balanza se inclina hacia el sufrimiento: ¿es cierto?, ¿puedo hacer algo? y, si no puedo cambiarlo, acepto. Hoy vamos a profundizar en algo que hace que esos tres filtros funcionen mejor todavía: entender que tú no eres los pensamientos que produce tu mente.

Mo explica esto con una comparación muy sencilla: el cerebro es un órgano, igual que el corazón. La función del corazón es bombear sangre, y lo hace sin pedirte permiso, incluso mientras duermes. La función del cerebro es producir pensamientos, y también lo hace sin pedirte permiso. Muchos de esos pensamientos nacen de un instinto muy antiguo de supervivencia, diseñado para detectar peligro, no para hacerte feliz. Por eso, el cerebro tiende a fijarse más en lo que puede salir mal que en lo que ya está bien.

Mo incluso le puso un nombre a esa voz automática de alarma en su propia cabeza: "Becky". Ponerle nombre no es un juego: es una forma de recordar que esa voz no eres "tú"; es solo una función del cerebro trabajando, muchas veces exagerando el peligro.

Ejemplo cotidiano: mandas un mensaje importante a un familiar y no responde en dos horas. La mente dice de inmediato: "Está molesto conmigo" o "Algo malo pasó". Ese pensamiento se siente como un hecho, pero en realidad es solo "Becky" haciendo su trabajo de alarma. Cuando por fin responde y dice que estaba en una reunión, te das cuenta de que el sufrimiento de esas dos horas fue completamente innecesario.

Otro ejemplo: antes de una cita médica, la mente empieza a imaginar los peores escenarios posibles. Ese runrún constante no es información real sobre tu salud: es el cerebro anticipando peligro, como siempre ha hecho para protegerte, aunque hoy ese instinto muchas veces sobra.

Cómo aplicarlo hoy: la próxima vez que un pensamiento negativo aparezca, en vez de creerlo automáticamente, obsérvalo como si fuera una nube pasando por el cielo. Puedes decirle mentalmente: "Gracias, Becky, pero ahora no". Esta simple pausa te da espacio para aplicar los tres filtros de la entrega anterior con la cabeza fría, en lugar de reaccionar arrastrado por el miedo del primer momento. Practica notar la diferencia entre "Estoy pensando que algo malo va a pasar" y "Algo malo está pasando": son dos cosas completamente distintas, y confundirlas es la raíz de mucho sufrimiento evitable.

En la próxima entrega veremos cómo entrenar el cerebro como si fuera un músculo, para que con el tiempo produzca menos pensamientos de alarma y más gratitud, incluso sin que tengas que esforzarte tanto en cada momento.

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