Home Actualidad La falsa eficiencia de una fusión improcedente

La falsa eficiencia de una fusión improcedente

456
0

Editorial | Vértice Crítico.

La propuesta de fusionar el Ministerio de Educación (MINERD) con el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT) se presenta como una apuesta por la “eficiencia” administrativa. Sin embargo, leída con rigor académico, evaluada con criterio técnico y proyectada estratégicamente, la iniciativa revela más riesgos que beneficios. No se trata de un debate corporativo ni de una resistencia al cambio por inercia institucional; estamos ante una decisión que podría comprometer la arquitectura misma del sistema educativo dominicano.

Desde una perspectiva académica, la educación no es un bloque homogéneo. La educación preuniversitaria y la educación superior responden a lógicas epistemológicas distintas: una orientada a la formación integral y progresiva de la ciudadanía; la otra, a la producción avanzada de conocimiento, a la investigación científica y a la innovación. Confundir estos niveles bajo una sola rectoría administrativa erosiona la necesaria especialización del diseño curricular, de la evaluación de calidad y de la gobernanza académica. Las universidades (por definición), requieren autonomía intelectual, mecanismos propios de aseguramiento de la calidad y vínculos orgánicos con sistemas de ciencia y tecnología que exceden la administración escolar.

En el plano técnico, la promesa de “ahorro” suele ocultar costos sistémicos. Fusionar ministerios con misiones tan disímiles implica reingenierías complejas: armonizar marcos normativos, rediseñar cadenas de mando, integrar sistemas de información incompatibles y redefinir competencias profesionales. La experiencia comparada muestra que estas operaciones, lejos de simplificar, generan cuellos de botella decisionales y diluyen responsabilidades. El riesgo es claro: una macroestructura que administra más, decide menos y responde peor. La eficiencia no se decreta; se construye con claridad de funciones, indicadores adecuados y autoridades con foco preciso.

En términos estratégicos, la fusión envía una señal equivocada en un momento crítico. El desarrollo nacional depende de un ecosistema de conocimiento robusto, capaz de articular educación superior, investigación aplicada e innovación productiva. Subordinar ciencia y tecnología a una lógica predominantemente escolar debilita la capacidad del país para competir, atraer talento, consolidar redes internacionales y responder a desafíos complejos desde la transición energética hasta la transformación digital. La estrategia correcta no es concentrar poder administrativo, sino coordinar políticas: ministerios con misiones diferenciadas, pero engranadas mediante metas comunes, presupuestos programáticos y evaluación por resultados.

Además, la concentración institucional incrementa la fragilidad política del sistema. Cuando todo depende de un solo aparato, los errores se amplifican y las correcciones se retrasan. La pluralidad institucional, bien coordinada, actúa como un mecanismo de equilibrio y aprendizaje. Reducirla es empobrecer la capacidad del Estado para adaptarse.

Vértice Crítico sostiene que el problema no es la existencia de dos ministerios, sino la ausencia de una gobernanza intersectorial eficaz. La solución pasa por fortalecer la planificación conjunta, mejorar la interoperabilidad de datos, alinear incentivos presupuestarios y profesionalizar la gestión, no por borrar fronteras funcionales que cumplen un propósito. La educación básica y la educación superior necesitan puentes; no necesitan ser confundidas.

La modernización del Estado exige decisiones informadas, no atajos administrativos. Fusionar MINERD y MESCYT es una respuesta simple a un problema complejo. Y en política pública, las respuestas simples suelen salir caras.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here