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Modernizar para gobernar mejor: el reto de construir una UASD eficiente sin perder su esencia.

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Quinta entrega del análisis del Programa de Gestión 2026-2030 del rector Jorge Asjana David

Por José Espinal Marcelo | Vértice crítico. 

Las universidades además de formar profesionales; también administran enormes estructuras académicas, financieras y administrativas cuya eficiencia condiciona la calidad del servicio que reciben miles de estudiantes y docentes. Una institución puede poseer excelentes profesores y prestigiosos programas de estudio, pero si sus procesos son lentos, burocráticos y desarticulados, terminará debilitando su propia misión.

Con esa realidad como punto de partida, el Programa de Gestión 2026-2030 del doctor Jorge Asjana David incorpora uno de los ejes más determinantes para el futuro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo: la Modernización y Especialización Institucional. Su objetivo estratégico consiste en digitalizar los procesos administrativos y académicos para garantizar una gestión más eficiente y transparente, mediante plataformas integradas, reducción de tiempos, trazabilidad y fortalecimiento de la participación institucional.

Más que una apuesta tecnológica, este eje plantea una transformación del modelo de gestión universitaria. La digitalización aparece como un instrumento para simplificar trámites, automatizar procesos, mejorar el acceso a la información y ofrecer una experiencia más ágil a estudiantes, docentes y personal administrativo. La propuesta reconoce, además, que reducir la burocracia no solo incrementa la eficiencia, sino que fortalece la transparencia y optimiza el uso de los recursos institucionales.

Este planteamiento merece una valoración positiva porque identifica uno de los problemas históricos de la UASD. Durante años, numerosos procedimientos administrativos han dependido de expedientes físicos, autorizaciones sucesivas y procesos fragmentados que prolongan innecesariamente la respuesta institucional. En una universidad con presencia nacional y una matrícula que supera los cientos de miles de estudiantes, esas prácticas ya no resultan compatibles con las exigencias del siglo XXI.

Sin embargo, reducir la modernización a la adquisición de nuevos sistemas informáticos sería un error. La verdadera transformación digital exige revisar procedimientos, redefinir responsabilidades y construir una nueva cultura organizacional. La tecnología, por sí sola, no elimina la burocracia; únicamente la hace más rápida si los procesos continúan siendo ineficientes.

Uno de los aspectos más interesantes del documento es la importancia que concede a la planificación estratégica basada en datos. El programa propone fortalecer sistemas de recolección, análisis e interpretación de información sobre el desempeño académico, administrativo, financiero y social para fundamentar la toma de decisiones en evidencia confiable y actualizada.

Esta propuesta representa un cambio significativo. Durante décadas, muchas decisiones universitarias han respondido más a percepciones, presiones coyunturales o experiencias individuales que a información sistematizada. Una universidad moderna necesita indicadores confiables para identificar problemas, anticipar tendencias, evaluar resultados y diseñar políticas públicas universitarias con mayor precisión.

No menos relevante resulta el énfasis colocado en la profesionalización de la gestión universitaria. El documento plantea fortalecer la capacitación permanente del personal directivo y administrativo, promover una carrera basada en el mérito y consolidar una cultura institucional orientada hacia la excelencia, la responsabilidad y la mejora continua.

Desde una perspectiva institucional, este constituye uno de los componentes más sólidos del eje. La eficiencia administrativa no depende únicamente de reglamentos o plataformas digitales; depende, sobre todo, de las capacidades humanas que las gestionan. Profesionalizar la administración significa reducir la improvisación, fortalecer la continuidad institucional y construir mecanismos objetivos para evaluar el desempeño.

Especial atención merece también la propuesta de actualizar la normativa interna conforme a la legislación vigente y las mejores prácticas de la educación superior. La revisión del marco normativo busca simplificar procedimientos, garantizar mayor coherencia institucional y promover principios como la equidad, la eficiencia y la transparencia.

Este punto posee una importancia estratégica que con frecuencia pasa inadvertida. Las instituciones evolucionan más lentamente cuando sus reglamentos responden a realidades superadas. Modernizar implica revisar normas, eliminar duplicidades y adaptar la estructura institucional a las nuevas dinámicas académicas, administrativas y tecnológicas, siempre preservando la autonomía universitaria y los mecanismos democráticos que caracterizan a la UASD.

No obstante, este eje también enfrenta desafíos que no pueden ignorarse.

El primero es el de la resistencia al cambio. Toda transformación institucional genera incertidumbre. La digitalización modifica rutinas de trabajo, redefine funciones y exige nuevas competencias. Sin procesos adecuados de capacitación, acompañamiento y comunicación, incluso las mejores iniciativas pueden encontrar obstáculos en la cultura organizacional.

El segundo desafío es la inversión tecnológica. Modernizar una universidad del tamaño de la UASD requiere plataformas robustas, infraestructura digital segura, interoperabilidad entre sistemas, protección de datos y mantenimiento permanente. No se trata de un proyecto de corto plazo, sino de una política institucional que demanda recursos sostenidos y planificación rigurosa.

Existe además un aspecto que considero esencial. La modernización nunca debe confundirse con la deshumanización de los servicios. Digitalizar procesos significa facilitar la vida de la comunidad universitaria, no sustituir la atención cercana, el acompañamiento académico ni el compromiso social que históricamente ha distinguido a la Primada de América. La tecnología debe estar al servicio de las personas y no al contrario.

La frase con la que concluye este capítulo resume con claridad esa aspiración: modernizar la UASD significa hacerla más eficiente, especializada y cercana, impulsando una gestión ágil, profesional y orientada a resultados para responder a los desafíos de una universidad del siglo XXI.

Al finalizar la lectura de este eje queda una reflexión inevitable. La modernización institucional es la plataforma sobre la cual descansan todos los demás procesos de transformación. Sin una administración eficiente será difícil fortalecer la investigación, internacionalizar la universidad, mejorar el bienestar estudiantil o elevar la calidad docente.

La historia convirtió a la UASD en la Primada de América. El desafío de esta nueva etapa consiste en demostrar que una universidad con casi cinco siglos de tradición también puede convertirse en un referente de innovación, eficiencia y gobernanza universitaria para la educación superior latinoamericana.

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