“No todo está bajo control, y no todo necesita estarlo.”
Por José Espinal Marcelo.

Durante años uno cree que la vida se afirma en la acción, en la intensidad, en esa voluntad de imponerse al tiempo y al cansancio. Pero llega un punto en que la propia existencia corrige esa ilusión. No todo está bajo control, y no todo necesita estarlo.

La tradición estoica lo decía con sobriedad "hay cosas que dependen de nosotros y otras que no". Y en esa distinción (tan simple como exigente), se juega gran parte de la serenidad.
Hay jornadas en las que el ánimo no responde, en las que el cuerpo no acompaña, en las que la voluntad parece replegarse. Resistirse a eso solo añade peso. Aceptarlo, en cambio, es un acto de lucidez. No de derrota, sino de gobierno interior.
No se trata de renunciar a la intensidad de la vida, sino de no depender de ella para sostenerse. El equilibrio no está en vivir siempre hacia afuera, sino en no quebrarse cuando toca detenerse.
El estoico no es el que nunca cae, sino el que no se desordena cuando cae. El que entiende que incluso los días más quietos tienen su lugar en el orden de las cosas.
Quizá hoy no fue un día para conquistar nada.
Pero fue un día para sostenerse sin exigirse más de lo debido. Y eso, aunque no se celebre, también es una forma de fortaleza.
¡Hasta el próximo domingo!

































