
“Estamos ante una reacción en cadena que amenaza no solo la seguridad energética, sino también la seguridad alimentaria del mundo.”

Por Franklin Rosa.

La guerra ilegal de agresión, iniciada por Donald Trump e Israel contra Irán, viola los principios fundacionales de la ONU y el derecho internacional. Su objetivo sería un cambio de gobierno o la destrucción de la población civil y de sus infraestructuras energéticas, configurando un genocidio similar al de Gaza, bajo el pretexto de que Irán está desarrollando un programa nuclear que pronto obtendrá una bomba atómica. Esta situación ha detonado una crisis petrolera y de suministro global que pone en jaque la seguridad energética mundial.
El epicentro del caos se sitúa en el estrecho de Ormuz. Con la amenaza latente de Irán de cerrar esta vía, por donde circula el 20 % del consumo mundial de petróleo, y la posibilidad de una ocupación militar, el mercado ha reaccionado con pánico.
Precios al alza: el barril ha saltado de los 70 a los 100 dólares con una rapidez alarmante.
Los analistas advierten que la especulación en el mercado spot podría llevar el crudo a los 150 dólares por barril.
La vulnerabilidad de la dependencia
Nuestra situación es particularmente crítica debido a una dependencia del 80 % de las importaciones de hidrocarburos provenientes de Estados Unidos. Sin embargo, el gigante del norte no es autosuficiente en este escenario; su capacidad exportadora depende de la compra de petróleo pesado a proveedores que hoy están en conflicto con la Casa Blanca, debido a las políticas arancelarias de Trump.
Canadá y México: aliados tradicionales, actualmente distanciados por guerras comerciales y aranceles.
Arabia Saudita: con capacidad de maniobra limitada por el cierre del estrecho de Ormuz.
Venezuela: atada a sus compromisos de exportación previos con China.
Rusia: en franca confrontación geopolítica.
El impacto no se limita a las estaciones de gasolina. Estamos ante una reacción en cadena que afectará la seguridad alimentaria y la producción industrial. La falta de gas natural y petróleo afectará la producción de fertilizantes, lo que inevitablemente encarecerá y limitará la disponibilidad de alimentos.
Reservas críticas: con reservas nacionales que apenas cubren cuatro semanas de consumo, el fantasma de la escasez y las largas colas en las estaciones de servicio es una posibilidad real e inmediata.
La escalada de la guerra, como ha anunciado el rey tirano del imperio yanqui, Donald Trump; el cierre del estrecho de Ormuz; la destrucción de la infraestructura petrolera del Golfo Pérsico; y la fragilidad marítima nos colocan en una situación de extrema vulnerabilidad. Si no se logra una desescalada del conflicto, el mundo occidental —y nosotros de forma indirecta— enfrentaremos una era de inflación sin precedentes.
Esto confirma que, para el autor, el mayor peligro para la humanidad es Donald Trump, en su rol de jefe del imperio, a quien se le atribuyen crímenes de guerra en Irán, incluyendo bombardeos a escuelas, universidades, poblaciones urbanas y buques escuela, así como ejecuciones extrajudiciales; equiparándolo con Netanyahu en el contexto de Gaza.

































