
Víctor Castillo (Charin) | Psicólogo | Vértice Crítico

QUIÉN ES MO GAWDAT Y LA BALANZA DE LA FELICIDAD
Mo Gawdat es un ingeniero egipcio que llegó a ser director de negocios de Google X, el laboratorio de innovación más ambicioso de esa empresa. Tenía dinero, prestigio y reconocimiento mundial. Pero en 2014 su hijo Ali murió por un error médico durante una cirugía sencilla. Diecisiete días después, Mo empezó a escribir el sistema de pensamiento que había desarrollado años antes para su propia infelicidad, ahora puesto a prueba en el dolor más grande de su vida. De ahí nació su libro Solve for Happy (Resuelve para ser feliz). No habla desde la teoría: habla como un padre que perdió a su hijo y, aun así, encontró una forma de seguir viviendo con sentido, sin negar el dolor ni fingir que ya no duele.
En esta serie de cuatro entregas vamos a explicar sus enseñanzas de manera simple y práctica: cómo funciona la felicidad, cómo manejar el dolor cuando llega, cómo entrenar la mente día a día y cómo amar sin que ese amor nos haga sufrir.
Empecemos con su idea central, usando una imagen muy fácil de recordar: una balanza.
Imagina una balanza de dos platillos. En el platillo de la izquierda pones lo que esperas que suceda —tus expectativas: cómo crees que debería ser tu vida, tu trabajo, tu familia, tu pareja—. En el platillo de la derecha pones lo que realmente ocurre —la vida tal cual es, sin adornos ni promesas—. Cuando ambos platillos pesan parecido, la balanza queda equilibrada, y eso se siente como felicidad. Pero cuando el platillo de las expectativas pesa más que el de lo que realmente ocurre, la balanza se inclina hacia el sufrimiento, aunque en el fondo nada terrible haya pasado.
Ejemplo cotidiano: organizas una cena familiar. En el platillo de las expectativas pones: «Todos llegarán puntuales, ayudarán y estarán agradecidos». Pero en el platillo de lo que realmente ocurre caen personas tarde, distraídas con el celular, sin ofrecerse a ayudar. La balanza se desequilibra, y ese desequilibrio es exactamente lo que sientes como enojo o decepción.
Otro ejemplo: un padre espera (expectativa) que su hijo adolescente le cuente todo lo que le pasa, como cuando era niño. Lo que realmente ocurre es que el hijo ahora es más reservado, algo normal en su edad. Si el padre no ajusta esa expectativa, sentirá una distancia dolorosa que en realidad no existe: solo existe la diferencia entre lo que esperaba y lo que es.
Ahora bien: notar que la balanza se desequilibró es el primer paso, pero no basta con darse cuenta; hay que saber qué hacer con eso. Para esto, Mo propone tres filtros muy sencillos, uno detrás del otro, que te ayudan a decidir cómo abordar cada situación:
Filtro 1 — ¿Es esto cierto? Antes de reaccionar, pregúntate si lo que piensas es un hecho comprobado o solo una interpretación tuya. En el ejemplo del padre, el pensamiento «mi hijo ya no me quiere contar nada» no es un hecho: es una lectura dolorosa de algo normal en la adolescencia. Si el pensamiento no resiste esta pregunta, se suelta ahí mismo, sin darle más vueltas.
Filtro 2 — ¿Puedo hacer algo al respecto? Si el problema sí es real, pregúntate si está en tus manos actuar. En la cena familiar, sí puedes hablar con calma con quien llegó tarde o pedir ayuda directamente la próxima vez, en lugar de solo esperar que te lean la mente. Si puedes actuar, actúa; no te quedes solo pensando en lo que «debería» haber pasado.
Filtro 3 — Si no puedo cambiarlo, acepto. Hay realidades que no se pueden mover ni un gramo: la edad de un hijo, el carácter de otra persona, una pérdida ya ocurrida. Aquí Mo no habla de resignarse con tristeza, sino de aceptación comprometida: dejar de pelear contra lo que no cambia y usar esa energía para construir algo bueno de todos modos. Este fue el camino que él mismo recorrió tras la muerte de Ali: no podía cambiar lo ocurrido, pero sí podía decidir qué hacer con ese dolor.
Cómo aplicarlo hoy: la próxima vez que tu balanza se desequilibre, pasa el pensamiento por los tres filtros, en orden: ¿es cierto? Si no, suéltalo. ¿Puedo actuar? Si sí, actúa. Y si ya no hay nada que hacer, acepta con dignidad y sigue construyendo tu vida desde ahí.
En la próxima entrega profundizaremos en por qué tú no eres los pensamientos que produce tu mente y cómo esto te ayuda a usar estos tres filtros con más claridad todavía.





































