Por la redacción.
Santo Domingo — Las condiciones atmosféricas que impactaron esta semana a la República Dominicana comenzaron a normalizarse luego de que el fenómeno conocido como ciclón bomba perdiera fuerza y se disipara en aguas del Atlántico, al este de la Florida, en Estados Unidos. No obstante, el litoral atlántico del país continúa registrando un oleaje agitado como remanente del sistema.

Durante su fase más activa, el evento provocó un descenso notable de las temperaturas, ráfagas de viento de consideración y un deterioro significativo de las condiciones marítimas, con efectos perceptibles en distintas provincias del territorio nacional.
Especialistas explican que este tipo de sistema, denominado técnicamente bombogénesis, se origina en latitudes medias cuando la presión atmosférica cae de manera abrupta en un corto período de tiempo, generando una rápida intensificación del fenómeno.
A diferencia de los ciclones tropicales, la bombogénesis no responde a la misma dinámica que los huracanes o las tormentas tropicales, aunque puede producir lluvias intensas, vientos fuertes y oleaje potencialmente peligroso para la navegación y las actividades costeras.
Meteorólogos subrayan que, pese a su nombre y a la atención mediática que suele generar, este tipo de fenómeno no es excepcional. De hecho, se estima que en promedio se producen cerca de 70 episodios de bombogénesis cada año en distintas zonas del hemisferio norte.

































