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El cuello de botella de Rafah agrava la asfixia sanitaria en Gaza

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Más de 20.000 pacientes, entre ellos miles de menores, aguardan autorización para salir del enclave mientras hospitales devastados no pueden ofrecer tratamientos complejos.

Redacción internacional de Vértice critico.

Ramala. El paso fronterizo de Rafah, única salida hacia Egipto que no está bajo control directo israelí, se ha convertido en un embudo para miles de enfermos atrapados en la Franja de Gaza. Las autoridades sanitarias del enclave denunciaron este lunes que las restricciones impuestas al tránsito de personas están poniendo en riesgo la vida de más de 20.000 pacientes que necesitan tratamiento urgente fuera del territorio.

El Ministerio de Salud gazatí expresó su “profunda preocupación” por el funcionamiento parcial del cruce, reabierto el pasado 2 de febrero tras semanas de cierre. Según el organismo, el número de autorizaciones concedidas hasta ahora es “claramente insuficiente” frente a la magnitud de la crisis humanitaria. Entre los casos pendientes figuran pacientes con cáncer, enfermedades cardiovasculares, insuficiencia renal y heridos con lesiones graves que requieren cirugías avanzadas inexistentes hoy en Gaza.

La infraestructura sanitaria del enclave ha quedado seriamente dañada tras meses de ofensiva militar. Hospitales sin equipamiento especializado, quirófanos inutilizados y una escasez crónica de medicamentos han reducido la capacidad de respuesta médica a niveles mínimos. “Hay intervenciones que simplemente ya no pueden realizarse aquí”, señaló el ministerio en un comunicado, en el que denunció además procedimientos “restrictivos e injustificados” para quienes logran autorización de salida.

El cruce de Rafah no solo simboliza la movilidad restringida, sino también la fragilidad de la coordinación internacional en un territorio bajo asedio. Organizaciones humanitarias advierten de que la lentitud actual convierte la evacuación médica en un proceso que, de mantenerse al ritmo vigente, requeriría más de cuatro años para atender a todos los solicitantes. De esos 20.000 pacientes, cerca de 4.000 son menores.

La ONG Save the Children criticó la semana pasada el ritmo de las evacuaciones. Su representante en Gaza, Shurouq, alertó de que miles de personas “se enfrentan a una lenta sentencia de muerte”, mientras las listas de espera crecen sin criterios transparentes ni calendario claro. “Para quienes aguardan autorización, el proceso parece aleatorio y opaco”, afirmó.

Israel no ha respondido públicamente a estas acusaciones en los últimos días. Las autoridades israelíes han defendido en ocasiones anteriores que los procedimientos buscan garantizar controles de seguridad exhaustivos en un contexto de guerra abierta con Hamás.

En Gaza, sin embargo, el debate es menos político que urgente. Cada retraso administrativo equivale a una semana menos de tratamiento, a una quimioterapia interrumpida o a una operación postergada. En un territorio donde la reconstrucción sanitaria parece una tarea de largo aliento, el paso de Rafah se ha transformado en una frontera entre la enfermedad y la posibilidad de sobrevivir.

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