Home Actualidad Datos, bolsillos y memoria selectiva

Datos, bolsillos y memoria selectiva

315
0

Por José Espinal Marcelo.

Luís Abinader (Foto fuente externa).
Luís Abinader (Foto fuente externa).

En la política dominicana, la historia reciente se ha convertido en un motor de búsqueda. El presidente Luis Abinader, durante el aniversario del Partido Revolucionario Moderno (PRM), sugirió que la oposición teme consultar Google para revisar las estadísticas de su paso por el poder. Horas después, Leonel Fernández, líder de la Fuerza del Pueblo, replicó que la realidad de los bolsillos no se corrige con búsquedas digitales, sino con políticas públicas efectivas.

El intercambio, más que una anécdota retórica, revela un patrón familiar en sistemas políticos donde oficialismo y oposición comparten más de lo que admiten. Ambos recurren a marcos narrativos simétricos: uno invoca el pasado como prueba estadística de superioridad moral; el otro apela al presente cotidiano como evidencia de fracaso gubernamental. El resultado no es una disputa sobre políticas públicas concretas, sino una competencia por el control del relato temporal.

Abinader esgrime cifras: reducción de la pobreza general y extrema entre 2012 y 2025. La tesis implícita es tecnocrática: los datos certifican el progreso, ergo el modelo funciona. Fernández, en cambio, desplaza el eje hacia la percepción económica inmediata: inflación, costo de vida y bienestar tangible. Su argumento es fenomenológico: la experiencia diaria contradice la aritmética oficial.

Leonel Fernández (Foto fuente externa).
Leonel Fernández (Foto fuente externa).

Ambas posiciones comparten una omisión estratégica. El presidente presenta la estadística como si fuera autosuficiente, sin abordar la calidad del empleo, la informalidad o la sostenibilidad fiscal del modelo. El exmandatario, por su parte, apela al malestar sin detallar un programa alternativo verificable. En ambos discursos, la política queda reducida a contraste binario: memoria contra bolsillo, Google contra mercado.

En términos estructurales, el duelo evidencia la madurez (o el estancamiento), de un sistema bipartidista ampliado donde las élites rotan con mayor frecuencia que las reformas profundas. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), del que Fernández fue figura central antes de fundar su nueva organización, gobernó durante dieciséis años consecutivos. El PRM llegó con la promesa de institucionalidad reforzada y lucha anticorrupción. Sin embargo, el intercambio actual sugiere que el debate sigue orbitando alrededor de la legitimidad histórica más que de transformaciones estructurales: productividad, diversificación económica o reforma del Estado.

La metáfora digital es reveladora. Google simboliza archivo y memoria; el bolsillo, urgencia y presente. Pero ninguna economía se gobierna solo con retrospectiva ni con indignación coyuntural. El crecimiento sostenido requiere credibilidad macroeconómica, cohesión social y, sobre todo, una oferta política capaz de trascender la contienda permanente.

En ese sentido, gobierno y oposición parecen enfrentarse como espejos. Ambos movilizan emociones (orgullo por logros pasados o agravio por dificultades actuales), y ambos eluden la autocrítica sistémica. El elector queda así ante una disputa donde las cifras y las sensaciones compiten sin que ninguna sea sometida a escrutinio técnico riguroso.

La pregunta, más que quién gana la batalla retórica, es si el sistema político dominicano puede pasar del intercambio de consignas a una confrontación programática verificable. Hasta ahora, el debate se libra en el terreno seguro de la memoria selectiva y la comparación estadística, no en el incómodo espacio de las reformas estructurales pendientes.

En política, como en economía, los datos importan. Pero también importa quién los interpreta, con qué propósito y qué silencios los acompañan.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here