La convocatoria está encabezada por el Partido Comunista del Trabajo (PCT), el Movimiento Popular Dominicano (MPD), el Movimiento Caamañista (MC), Fuerza de la Revolución (FR), el Partido Patria Para Todos/as (PPT) y el Referente de la Izquierda Dominicana (RID), junto a organizaciones sociales que articulan la movilización en clave soberanista.
Por José Espinal.

SANTO DOMINGO. En un contexto regional marcado por crecientes tensiones políticas y militares entre Estados Unidos y varios países de América Latina, un colectivo dominicano ha convocado a una movilización que aspira a articular crítica social con defensa de la soberanía nacional.

El Comité de Solidaridad en Defensa de la Soberanía de los Pueblos en Lucha anunció su respaldo a una marcha programada para el próximo domingo, 22 de febrero, que partirá desde la Plazoleta La Trinitaria hasta la estatua del líder constitucionalista Francisco Alberto Caamaño Deñó, en las inmediaciones del Parque Independencia. La jornada, organizada conjuntamente por seis partidos de izquierda y diversas organizaciones sociales, se presenta como un gesto público de rechazo a lo que sus participantes consideran la creciente presencia de la armada estadounidense en el Caribe y en territorio dominicano.
En un país donde la Constitución proclama la independencia y la imposibilidad de intervención extranjera, el llamado del Comité resuena tanto como una reivindicación patriótica como una declaración crítica ante la política exterior de Washington. Para sus voceros, la movilización reivindica además de la integridad territorial, también la autodeterminación de los pueblos, los derechos democráticos y la libertad de líderes políticos que están en el centro de disputas internacionales, entre ellos el presidente Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores, figuras emblemáticas del gobierno venezolano.
El discurso del Comité combina retórica nacionalista con una narrativa de solidaridad regional. Al denunciar lo que califica de injerencia militar extranjera (y acusar al gobierno del presidente Luis Abinader de permitirla o no contrarrestarla adecuadamente), los organizadores reclaman una defensa más firme de la Constitución y de los símbolos patrios. Su mensaje también se extiende a las realidades humanitarias de Cuba y Venezuela, al condenar los efectos de los bloqueos económicos y sanciones, vistos como herramientas que agravan las desigualdades y restringen derechos básicos.

Históricamente, movimientos sociales en República Dominicana han invocado figuras como Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón y las Hermanas Mirabal para anclar sus plataformas en legados de resistencia y emancipación. En esta ocasión, el Comité incorpora también la memoria del coronel Caamaño Deñó, quien encarna para muchos la lucha por un proyecto nacional soberano frente a presiones externas.
La convocatoria se dirige a “la ciudadanía, partidos políticos, organizaciones populares, juventudes y sectores democráticos”. Su tono es abiertamente incluyente, y su justificación, formalmente cívica: se inscribe en el ejercicio de derechos democráticos consagrados en la Constitución dominicana. Sin embargo, el fondo trasciende lo jurídico para situarse en un debate más amplio sobre el papel que deben jugar las naciones caribeñas y latinoamericanas en un sistema internacional donde asimetrías de poder todavía modelan decisiones estratégicas.
La marcha es una manifestación de solidaridad regional: una demanda para que las relaciones internacionales estén a la altura de las aspiraciones soberanas y democráticas de los pueblos, y no subordinadas a intereses geopolíticos concentrados. En un mundo donde las narrativas sobre seguridad y defensa a menudo privilegian alianzas estratégicas por encima de consideraciones de justicia, este tipo de movilizaciones coloca en primer plano la voz de quienes abogan por una política externa centrada en derechos y equidad.

































