“La detección temprana de los brotes y la aplicación estricta de medidas de bioseguridad son la única vía realista para contener la PPA sin colapsar la industria porcina nacional.”

Por Franklin Rosa
La aparición en el país de la Peste Porcina Africana (PPA), una epizootia viral, en el año 2021, con incidencia en todo el territorio nacional, ha llevado a considerarla una enfermedad endémica. Ha diezmado significativamente la población porcina, tanto por efecto directo de la enfermedad como por las matanzas de cerdos que implica su control para mantener las grandes granjas porcinas libres del virus.

Actualmente existen dos corrientes de opinión entre los técnicos y profesionales del área sobre cómo abordar esta crisis, que está afectando la seguridad alimentaria y provocando un aumento de las importaciones de carne porcina:
- La erradicación total de la población porcina por tres años, seguida de una repoblación con razas importadas de países libres de la PPA.
- Convivir con la PPA, aplicando normas rigurosas de bioseguridad para mantener las grandes granjas porcinas libres de la enfermedad.
En un artículo que publiqué a raíz de la presencia de la PPA en el país, expuse la posición que considero más conveniente para el futuro de la industria porcina nacional. A continuación, lo transcribo íntegramente:
Se trata de una de las enfermedades más temibles y difíciles de erradicar que afectan a los porcinos, produciendo miles de muertes en pocas semanas y generando grandes pérdidas en la industria cárnica de muchos países desde su aparición en 1921.
La particularidad de este virus mortal, que afecta a todas las razas porcinas, es que las razas criollas y salvajes, como el jabalí, son portadoras de la enfermedad y transmisoras eficaces. Además, el virus puede permanecer durante largo tiempo en la carne después del sacrificio.
Se ha comprobado científicamente que el virus no afecta a los humanos; sin embargo, el deterioro y la descomposición de la masa muscular, provocados por la hemorragia generalizada que produce, degradan rápidamente la carne, lo que puede hacer peligroso su consumo.
A partir de 2007, nuevas variantes de este virus, más contagiosas, han acelerado su propagación en partes de Europa, Asia y África, donde desde hace mucho tiempo es endémica.
Las dos enfermedades virales que diezman la población porcina en el mundo, y cuya notificación es obligatoria ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), son la PPC (Peste Porcina Clásica o cólera porcino) y la PPA (Peste Porcina Africana). Ambas presentan una sintomatología similar, con niveles comparables de virulencia y mortalidad, y carecen de tratamiento efectivo. No obstante, se ha utilizado una vacuna contra la PPC que ha resultado eficaz para inmunizar a los porcinos y erradicar la enfermedad en algunos países.
La Peste Porcina Africana no es nueva en el país. Se registró en 1978, durante el gobierno de Antonio Guzmán, cuando un brote iniciado en la región Este se propagó por todo el territorio en cuestión de semanas, ocasionando la eliminación de toda la población porcina, tanto de razas importadas como criollas, incluyendo el cerdo cimarrón o jabalí, que al contraer la enfermedad actúa como portador y hospedero del virus.
La eliminación total de la población porcina durante tres años, en un contexto en el que la industria cárnica era relativamente pequeña, evitó que la enfermedad se volviera endémica en el país, como ocurrió en regiones de África, Europa y Asia. Este proceso fue costoso, pero el gobierno asumió el pago y la comercialización de los cerdos sanos para consumo nacional. Posteriormente, el programa de repoblación porcina fue exitoso, mediante la importación de razas de alto valor genético.
En Cuba, donde la enfermedad se había presentado anteriormente, se manejó con eficacia la erradicación y repoblación porcina. Además, brindaron apoyo solidario enviando expertos con experiencia en el control de esta enfermedad; merece mención especial el Dr. William Cantero por su entrega y cooperación.
Hoy es necesario analizar la realidad actual de nuestra industria porcina: su magnitud, su desarrollo técnico y económico, y el hecho de que el 70 % de la producción corresponde a grandes empresas que aplican rigurosas normas de bioseguridad. Todo esto debe considerarse al momento de decidir si procede una eliminación total de la población porcina y una nueva repoblación en un período de tres años, con el objetivo de garantizar un país libre de la PPA.
La situación se vuelve crítica para los productores porcinos debido a factores difíciles de controlar, como la precaria sanidad animal en Haití —origen del brote actual en el país—, donde desde hace meses se reportaban muertes misteriosas de porcinos en distintas regiones. A esto se suma una frontera altamente permeable al tránsito irregular de personas y al creciente comercio binacional por vía terrestre, lo que dificulta la erradicación permanente de la enfermedad.
La detección temprana de los brotes de PPA y su control radical, mediante la eliminación de miles o incluso millones de cerdos —como ha ocurrido en China y otros países—, ha sido la principal estrategia para convivir con esta epidemia, al menos hasta que se disponga de una vacuna eficaz. Resulta casi imposible que el Estado pueda asumir el costo de la quiebra de este sector.
Lo que se requiere es establecer un cordón sanitario efectivo y aplicar normas estrictas de bioseguridad en las grandes explotaciones y en las regiones libres de la PPA. Asimismo, el gobierno debe respaldar económicamente estos programas, financiar el control de brotes y compensar a los pequeños, medianos y grandes productores afectados por el sacrificio sanitario de sus animales.
Finalmente, es imprescindible dotar al país de equipos adecuados para el diagnóstico mediante PCR y pruebas de antígenos, así como formar personal especializado capaz de secuenciar los virus y determinar las cepas circulantes.
También debe evitarse el despido de técnicos y el debilitamiento de los programas sanitarios. Nuestra red de alerta temprana debe fortalecerse, incluso con presencia en zonas de Haití, si se quiere garantizar el futuro de la industria porcina nacional.


































