Por José Espinal.
Santo Domingo. En el Politécnico Federico Henríquez y Carvajal, ubicado en Santo Domingo Este, la educación técnica ha quedado suspendida por una razón tan básica como reveladora: no hay electricidad. El robo del tendido eléctrico (ocurrido hace dos semanas), ha obligado a trasladar la docencia a plataformas digitales, una solución provisional que expone desigualdades más profundas que la simple falta de cables.

Los docentes reportaron de inmediato el incidente al Distrito Educativo 10-06 y formalizaron la denuncia ante la Policía Nacional. La respuesta institucional, sin embargo, ha sido lenta, casi invisible. Técnicos de supervisión inspeccionaron el plantel, pero no se ha materializado una intervención correctiva. Entre tanto, el centro (que opera en jornada extendida y alberga a 686 estudiantes en modalidad técnico-profesional), funciona en estado de contingencia.
La coordinadora del plantel ha descrito la situación como “compleja”, no solo por el costo del cableado y la necesidad de mano de obra especializada, sino por el impacto social. Aunque el cuerpo docente mantiene clases virtuales vía plataformas digitales y grupos de mensajería, parte del estudiantado proviene de hogares vulnerables donde el acceso a dispositivos y conectividad es intermitente o inexistente. En un sistema que prometió ampliar oportunidades a través de la educación técnica, la brecha digital reaparece como un recordatorio con sello de clase: la infraestructura importa.
El episodio también plantea un interrogante más amplio sobre la seguridad y el mantenimiento de la red escolar pública. Según los profesores, el responsable habría ingresado al plantel por la parte trasera, escalando el muro perimetral y desmontando el cableado subterráneo. Las cámaras de seguridad captaron el hecho, pero hasta el momento no se reportan detenciones. La dirección ha pedido vigilancia comunitaria nocturna, un recurso que combina solidaridad vecinal con la ausencia de una solución estructural.
En términos estrictamente administrativos, la reposición del tendido debería ser un trámite de emergencia. Pero en la práctica, la demora revela algo más que una falla logística: evidencia la fragilidad de la gestión pública frente a contingencias que, aunque parezcan menores, alteran el contrato social implícito entre Estado y ciudadano. Cuando un politécnico permanece en penumbra, no solo se interrumpe la energía eléctrica; se debilita la confianza en la capacidad institucional de proteger la inversión educativa y asegurar condiciones mínimas de dignidad.
El regreso de la luz será, inevitablemente, celebrado. Lo decisivo, sin embargo, será si el sistema aprende la lección: la política educativa no se sostiene únicamente con reformas curriculares o discursos sobre innovación tecnológica, sino con infraestructura básica protegida, mantenida y rápidamente restablecida. Sin eso, la modernización se convierte en retórica iluminada… en edificios a oscuras.

































