"La justicia ya no se pide, se exige". P. Cruz.
Por Luís Rodríguez | Vértice critico.

Santo Domingo. A un año del colapso del techo de la discoteca Jet Set, que dejó más de 200 muertos y centenares de heridos, el reclamo de los familiares ha cambiado, de la espera institucional a la exigencia abierta. Durante una misa celebrada en la denominada “zona cero”, el sacerdote Rogelio Cruz sintetizó ese giro con una frase que resonó entre los asistentes: la justicia ya no se pide, se exige.

La ceremonia, marcada por cánticos, lágrimas y silencios prolongados, reunió a decenas de personas vestidas de blanco y negro, muchas de ellas portando fotografías de las víctimas. En los alrededores, velas encendidas y flores improvisaban un memorial colectivo. Sin embargo, más allá del rito, el ambiente estuvo atravesado por cuestionamientos, dudas sobre la cifra oficial de fallecidos, críticas a la ausencia de responsables visibles y reclamos por la escasa presencia de actores políticos en el proceso.
Ese malestar también se expresa en los testimonios de sobrevivientes, quienes aseguran que el duelo no ha dado paso al cierre, sino a una forma de memoria activa. Algunos afirman que ahora hablan “por los muertos y los huérfanos”, en una triste historia que combina dolor, denuncia y persistencia. Las historias evocan señales previas ignoradas y una sensación compartida de tragedia evitable, reforzando la percepción de que el caso aún no ha alcanzado un punto de rendición de cuentas claro.
Las actividades conmemorativas, inicialmente pospuestas por lluvias, se reanudaron bajo un amplio despliegue de seguridad y con restricciones de tránsito en la zona. Pero incluso con la logística institucional en marcha, el foco de la jornada no fue la organización del acto, sino la presión social que se mantiene latente. A doce meses del colapso, la herida sigue abierta, y el reclamo de justicia (ahora más directo y menos deferente), continúa marcando el ritmo del duelo público.


































