Editorial | Vértice Crítico
La crisis económica no afecta a todos por igual, mientras los sectores más pobres enfrentan el alza del costo de la vida y la reducción de sus condiciones básicas, las élites económicas y parte de la cúpula política mantienen privilegios, acceso a beneficios fiscales y estabilidad. Este desequilibrio no es casual, sino resultado de decisiones que perpetúan la desigualdad.

El problema central no es solo la crisis, sino cómo se distribuyen sus costos. Se exige sacrificio a quienes menos tienen, mientras no se revisan los beneficios de quienes más concentran riqueza y poder; profundizando la brecha social.
La economía, en última instancia, se mide en la vida de la gente. Y hoy esa vida se vuelve más difícil para las mayorías, mientras las minorías privilegiadas permanecen protegidas. Esa es la verdadera discusión pendiente.



































