
Por Víctor Castillo (Charin) | Psicólogo | Vértice Crítico
Continuando con nuestro recorrido de tres días para hacer más asequible la comprensión de la salud emocional, hoy nos adentramos en el segundo pilar del método de Rafael Santandreu, expuesto en El arte de no amargarse la vida. Ayer descubrimos que nuestros pensamientos crean nuestras emociones; hoy veremos cómo detectar el virus mental más común que sabotea nuestra paz: el "necesitismo".

El célebre psicólogo estadounidense Albert Ellis dio un paso fundamental dentro de la psicología cognitiva al identificar la raíz exacta del sufrimiento emocional innecesario: las creencias irracionales.
Ellis explicaba que los seres humanos nos volvemos frágiles, ansiosos y neuróticos cuando convertimos simples preferencias y deseos razonables en necesidades absolutas, rígidas e inflexiblemente ligadas a nuestra felicidad.
Existe una diferencia abismal entre desear algo y necesitarlo. Decir: "Me gustaría mucho tener una pareja estable" es un deseo sano y natural que te moviliza a relacionarte de forma abierta. Por el contrario, transformarlo en un dictamen interno como: "Necesito imperiosamente tener una pareja para poder ser feliz, porque de lo contrario mi vida es un vacío", es activar una bomba de tiempo. Si no tienes pareja, caerás en una profunda depresión; y, si la tienes, vivirás con un miedo constante y asfixiante a perderla, lo que probablemente arruinará la relación.
Albert Ellis agrupó estas trampas del pensamiento en tres grandes categorías de exigencias absolutistas que nos autoimponemos y que destruyen nuestra paz:
1. Exigencias sobre uno mismo: "Debo hacer todo perfecto siempre, nunca cometer errores y contar con la aprobación de todo el mundo". Esto representa el pasaporte directo hacia la ansiedad crónica y los sentimientos de inferioridad.
2. Exigencias sobre los demás: "Las personas que me rodean deben tratarme siempre con total respeto, justicia y consideración". Esta es la fuente inagotable de la ira, los pleitos y el resentimiento constante con el entorno.
3. Exigencias sobre el mundo: "La vida tiene que ser cómoda, fácil, predecible y funcionar exactamente como yo quiero". Es el camino seguro hacia la frustración ante los imprevistos cotidianos.
El ejercicio práctico: cambiar el "tengo que" por el "prefiero"
La verdadera fortaleza emocional consiste en limpiar conscientemente nuestro vocabulario diario de exigencias rígidas. A partir de hoy, empieza a sustituir tus "tengo que" o "debería" por la fórmula del "preferiría".
En lugar de decirte con angustia antes de una presentación laboral: "Debo caerle bien a todo el mundo en la reunión y dar un discurso perfecto", sustitúyelo por: "Prefiero causar una buena impresión y me esforzaré al máximo, pero si cometo un error o a alguien no le gusto, estaré bien; sigo siendo una persona valiosa".
En lugar de amargarte en el hogar pensando: "Mi pareja tiene que adivinar exactamente lo que me pasa", opta por la cordura: "Me encantaría que lo notara, pero, como es un ser humano imperfecto y no lee la mente, se lo voy a comunicar de forma clara y amable".
Las personas emocionalmente estables persiguen sus metas con entusiasmo, pero no se atan a ellas. Si consiguen lo que quieren, lo disfrutan plenamente; si las circunstancias fallan, se adaptan con una enorme serenidad porque saben que su valor personal no depende de las circunstancias externas.
Mañana cerraremos este ciclo aprendiendo a desactivar las tragedias imaginarias.
¡Excelente día!





































